Ana Frank, la desgarradora historia detrás de una de las estrellas de Filbo 2016

La exposición "Que me dejen ser yo misma", inspirada en la vida de esta niña judía que murió en uno de los campos de concentración nazi durante la Segunda Guerra Mundial, todo un éxito entre los asistentes.


Noticias RCN

may 01 de 2016
11:29 a. m.

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Por: Lucía Henríquez / @lucia_henriquez en Twitter

Otto Frank vio a su familia por última vez en una fría noche de 1944. Después de tres largos y extenuantes días viajando en un vagón usado para transportar ganado, el tren se detuvo bruscamente.

Aterrorizados por los gritos de los oficiales de la SS, Otto, su esposa Edith y sus hijas Margot y Ana bajaron uno a uno de los helados y rechinantes vagones. Las piernas y brazos entumecidos por el frío y la poca movilidad durante el viaje dificultaron su descenso.

Sin mediar palabra, los hombres fueron separados de las mujeres y los niños. Con una mirada triste y cargada de incertidumbre, la familia Frank se dio el último adiós en la madrugada del 5 de septiembre.

Otto fue trasladado a uno de los complejos de Auschwitz en Polonia, el campo de concentración más brutal del régimen nazi. Cerca de 1.1 millones de personas fueron asesinadas en ese lugar, 960.000 de las cuales eran judías.

Su esposa e hijas también fueron llevadas a uno de estos complejos, donde la madre moriría en la enfermería negándose a probar bocado después de ser separada de las jóvenes. Margot y Ana, por su parte, serían remitidas al campo Bergen-Belsen al norte de Alemania.

La sobrepoblación, sumada a las precarias condiciones de salubridad y la escasez de alimentos, desató un brote de enfermedades que causó la muerte fulminante de miles de prisioneros. La vida de Margot y Ana se apagaría luego de haberse contagiado de tifus siete meses después de su reclusión en condiciones infrahumanas.

Desconociendo la suerte de los suyos, Otto Frank logró sobrevivir al campo de exterminio que fue liberado por el ejército soviético el 27 de enero de 1945.

En su camino de regreso a Ámsterdam, lugar en donde residiría por siete años en compañía de Jan y Miep Gies - secretaria en Opekta, la empresa del padre de Ana-, recibió la noticia del fatal desenlace de su amada esposa.

Después de meses de incertidumbre e incesante búsqueda, Otto recibiría una carta en julio de ese año escrita por una de las compañeras del campo de concentración de Ana y Margot en la que confirmaría que sus hijas jamás regresarían. Un frío recorrió sus huesos, como si un balde de agua helada hubiera caído sobre su cuerpo. Nunca volvería a ver a su familia.

A pesar del profundo dolor que supuso esta noticia, Otto jamás imaginó que la vida estaba por entregarle un preciado tesoro que años más adelante haría parte de la lista del Patrimonio Universal de Documentos.

Escondido bajo un pilar de libros, Miep abrió uno de sus cajones, extendió su mano y le entregó un pequeño libro de una cubierta de tela blanca con visos rojos y anaranjados a cuadros. El diario de su hija menor, Ana, llenos de secretos, memorias y percepciones de la cruda realidad de la guerra, cambiaría para siempre su percepción de la vida.

"Sabía que Ana escribía un diario, ella lo había mencionado (...). Cuando regresé, y después de conocer la noticia de que mis hijas no volverían, Miep me dio el diario, el cual se salvó, diría, de milagro. Me tomó mucho tiempo para leerlo. Nunca dije cuán sorprendido estuve sobre sus profundos pensamientos (...). Era una Ana diferente de la que había conocido como mi hija", declaró Otto años más adelante. 

La primera vez que Ana escribió en su diario fue el martes 2 de junio de 1942. A partir de ese momento y durante los siguientes 671 días esta pequeña de tan solo 13 años plasmó en sus páginas las más auténticas y sinceras apreciaciones de su acontecer diario, pasando por una angustia indescriptible cuando su hermana recibió un citatorio para trabajar en un campo de concentración, el traslado de su familia al que sería su escondite durante los siguientes dos años y la convivencia con la familia Van Pels y el dentista Fritz Pfeffer.

El 1 de agosto de 1944 fue la última vez que Ana registró por escrito sus pensamientos más íntimos. Tres días después las Fuerzas Armadas de la Policía de Seguridad irrumpirían en "la casa de atrás" y los arrestarían a ellos junto a sus colaboradores.

"La Casa de Atrás" fue la primera versión publicada por Otto Frank del diario de su hija, cuya historia cobraría importancia mundial llegando a los teatros y cines en diversos países y siendo traducida  a más de 70 idiomas. Su padre dedicaría el resto de su vida a abogar por los derechos humanos hasta su muerte en 1980.

"El más sereno, el educador de los niños, el más juicioso, el que mantenía a todos en equilibrio. El líder, el jefe. Cuando había que tomar una decisión, todas las miradas se volvían hacia él", escribió Miep en sus memorias.

La historia de Ana Frank, un éxito en la Filbo 2016

Este año, la Feria Internacional del Libro en Bogotá, en el pabellón del país invitado de honor - Holanda-, cuenta con una exposición "Que me dejen ser yo misma" inspirada en la vida de esta niña judía que murió en uno de los campos de concentración nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

"La exposición está compuesta de una parte histórica que narra la vida Ana Frank, acompañada de piezas de colección y un modelo de "la casa de atrás" donde Ana permaneció escondida a lo largo de dos años junto a su familia", dijo a NoticiasRCN.com Julián Vermeo, del equipo pedagógico que organizó la exposición.

La exhibición también cuenta con una réplica del diario, una estrella amarilla que debía ser portada por los judíos para ser distinguidos por los soldados nazi, y un video pedagógico con imágenes con las que se recuerda la historia de la familia Frank, sus allegados y el sufrimiento de millones de personas en esta sombría época.

La madurez y el entendimiento reflejado en las páginas de este diario siguen sorprendiendo a los lectores de Ana Frank. Es un conmovedor relato de una niña de tan solo 13 años, pero con una entereza impropia de ella.

"Sé lo que quiero, tengo una meta, una opinión formada y un amor. Que me dejen ser yo misma y me daré por satisfecha. Sé que soy una mujer con fuerza interior y con mucho valor. Si Dios me da la vida, llegaré más lejos de lo que mamá ha llegado jamás, no seré insignificante, trabajaré en el mundo y para la gente. ¡Y ahora sé que lo primero que hace falta es valor y alegría!”, escribió.

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