La cara del muralismo social y político en Colombia

Un diseñador gráfico de la Universidad Nacional de 35 años nacido en Sogamoso, Boyacá, figura entre los más admirados nombres del arte urbano en Latinoamérica y Europa.


Noticias RCN

dic 04 de 2015
05:22 p. m.

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Pocos saben que se llama Oscar González. Y a él no le preocupa. Sin embargo, son millones de personas las que de seguro se han detenido a observar sus destellantes y monumentales obras en una cuadra del tradicional barrio la Candelaria o en la Avenida 26 de Bogotá coronadas con un escueto seudónimo: ‘Guache’. 

Guache en el diccionario, y en el lenguaje coloquial de esta y otras culturas latinoamericanas, significa patán, ruin, rústico, villano, falto de elegancia. Pero en lengua muisca quiere decir guerrero, valiente, orgulloso. 

Ahí comenzó su juego. Insurrecto y atrevido, crítico y sugestivo. Primero con una técnica muy ligada a la protesta social llamada ‘stencil’, luego con el indómito grafiti y de un tiempo para acá con el muralismo político latinoamericano.

Y en todas estas corrientes del arte urbano lo que único que habría hecho para lograr destacarse tanto fue obedecer a su intuición, a la habilidad que heredó de su padre, un pintor costumbrista boyacense  y a una única intención desprovista de las vanidades típicas de los artistas: sensibilizar. 

“Nosotros pintamos en la calle pa´ todo el mundo y lo que nos interesa es esa riqueza de la interpretación del arte  y es que no necesitamos que la gente sea del círculo artístico, ni de una galería ni que  le guste el arte sino que cualquier persona lo vea,  el vendedor ambulante, el indigente, el conductor de taxi, la que va al trabajo.”

Por eso poco habla de él, casi nunca se le ve posando para fotógrafos en exposiciones y menos en eventos mediáticos que nunca optará por sobre una actividad social en un barrio marginal de la capital. Descubrir la fisionomía mestiza, el vestir juvenil y la personalidad culta que esconde uno de los nombres más reconocidos del arte urbano colombiano a nivel mundial es un privilegio.

“Es un  asunto como místico porque este es un trabajo social y más que la gente sepa que me llamo Oscar lo que me interesa es que la  gente vea la obra y también esa es una diferencia del arte académico, mainstream (cultura de masas) con respecto a la realidad del arte urbano y quienes estamos conectados con ese pensamiento seguimos pintando en la calle al margen de nuestra foto.”

Pero aunque no hagan alarde de sus créditos, a nombres como ‘Guache’, ‘Bastardilla’, ‘Stinkfish’ o ‘Toxicómano’ se les atribuye, en parte, el fulgurante momento por el que pasa el muralismo y el ‘street art’ colombiano. Así lo asegura Pablo Riesco, artista venezolano conocido como ‘Kalaka’, participante del Festival Internacional de Revitalización con Arte Urbano que tiene lugar en Bogotá hasta este 5 de diciembre. 

“Son artistas que crecen a mucha velocidad y al arte colombiano le empieza a pasar esto que le pasa al arte urbano cuando empieza a tener mucha identidad, es decir que ya se empieza a identificar el arte colombiano, ¡ah ya, este es el arte urbano de Colombia! Tienen una identidad y una dinámica, con mucho color, que ocurre en Latinoamérica, se enraiza en sus tradiciones, en su iconografía indígena y emparentan esa tradición con el arte urbano contemporáneo, el diseño”, dice ‘Kalaka’.

‘Oz Montanía de Paragüay’  dice, al tiempo que le da vida con sus aerosoles y brochas a una deidad guaraní protectora del agua, “desde la última vez que vine a Colombia en 2008 cambió mucho. Es más heterogéneo. Antes había más ‘stencil’ y pintadas de protesta y ahora más variedad y rango gigante de muralismo, arte urbano, grafiti tradicional, producciones,  de todo. ¡Todo mejoró!”

El Festival Internacional de Revitalización el primero de este tipo en el que participa una treintena de artistas locales y de países dominantes en la disciplina como Chile, Brasil, Argentina e Italia. Tiene como lienzos las paredes traseras del Cementerio Central, que colindan con el sector más deprimido del barrio Santa Fe.

“Bogotá se está convirtiendo en lugar de referencia muy importante de arte urbano a nivel internacional. Hay tours de grafiti de arte urbano y este Festival tiene un asunto importante y es el entorno social en el que se desarrolla. No estamos buscando que sea un festival de grandes estrellas que vengan a pintar grandes muros sino que buscamos el barrio Santa Fe, barrio que ha sufrido un proceso de gentrificación, de marginalización y estigmatización fuerte en los últimos años. Lo que importa es la realidad, cómo el arte urbano es un elemento transformador positivo de la sociedad”, dice Guache, productor del evento, que es apoyado por la Alcaldía de Bogotá.

Todo esto lo explica antes de colgarse de un andamio a 36 metros de altura para hacer su próxima creación en uno de los costados de un viejo edificio.

Este mural es producto de una convocatoria del Instituto Distrital de las Artes, Idartes, que le otorgó el primer puesto dentro de un programa que busca cambiarle la cara al centro histórico de Bogotá interviniendo sectores como el de San Victorino.

“Este es un mural que habla de la memoria como pueblo y como  lo estoy pintando en esta que tiempo atrás fue una plaza de mercado, quiero hacer  un homenaje  y evidenciar un símbolo que representa la memoria del alimento andino que es el maíz, una planta de maíz que tiene un mensaje en la raíz”, agrega ‘Guache’.

El rugido de un jaguar que parece explotar en decenas de diagramas y colores, la representación ritual del rostro de una mujer afrodescendiente, la mirada multicromática de una indígena de cualquier etnia latinoamericana.

En la fachada de un edificio de Berlín, Alemania; en cualquier pared de París, Francia o en un portón metálico de Barcelona, España. El simbolismo multicolor de los murales de Guache ya es parte de la escena urbana y turística de esas capitales donde a lo mejor su identidad podría seguir siendo un misterio, pero ya no su firma de cortos trazos y dos sílabas. 

“Yo creo que me ha ido bien en otros países porque intento partir de recoger una estética local pero no quedarme en que el tema sea local sino proyectarlo a asuntos globales. No es solo hacer una obra nacionalista ni solo reivindicar eso sino asumir como los asuntos contemporáneos de la identidad y de la representación de esa identidad pero trabajo en cualquier lugar.”

Una vez le permitió a Noticiarcn.com revelar su rostro y acompañarlo en la ejecución del más reciente de sus murales, se le pudo preguntar sobre el eterno dilema de si el grafiti es arte o vandalismo, teniendo en cuenta que ‘Guache’ vino de allí. Y su respuesta fue tan contundente e inteligente como el mensaje de sus colosales murales cuando uno pasa por debajo de uno de los puentes de la calle 26  y  queda tan impactado como para jamás olvidar que ahí hay un referente geográfico, cultural y artístico ineludible de Bogotá. 

“A mí no me interesa hacer una defensa del grafiti en términos de que se valide socialmente porque al grafiti no le importa eso, está fuera de cualquier convencionalismo social, político y estético, hay mucha gente que entra en el dilema estético de esta lo feo y esta lo bonito pero eso suscita una reflexión mucho más profunda de lo que nosotros somos. El grafiti en el fondo refleja un problema político que se expresa a través de una estética de ruptura transgresora y rebelde”.

Mónica Vengoechea / NoticiasRCN.com

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