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La lucha de los juguetes tradicionales por sobrevivir en la era digital

Los tradicionales muñecos de trapo y carros de madera se resisten a desaparecer en medio del boom de los juegos tecnológicos.


Noticias RCN

dic 11 de 2015
04:31 p. m.

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Valentina tiene escasos 8 años y ya sabe que quiere pedirle de regalo al Niño Dios esta navidad. Incluso está dispuesta a sacrificar la larga lista de los otros juguetes que se le antoja con tal de convencer al mismo destinatario, que luego llama Papá Noel,  de traerle algo que los adultos de su familia no alcanzan a pronunciar bien, un “Nintendo Wii U”.
No es casualidad que una niña de su edad pida ese regalo, ya que la tecnología es lo que más esperan encontrar bajo el árbol de navidad los menores colombianos entre los 6 y 15 años.
Lo corrobora Ricardo Moreno, jefe corporativo de Tecnology Store 2006, empresa mayorista de equipos de comunicación en el país, cuando afirma que los celulares de gama media y las tabletas digitales son los productos de mayor demanda para esta temporada y eso tiene una explicación. Son los regalos más solicitados por los niños.
Así el panorama, muchos se preguntan cómo hacen las muñecas de trapo, los carros de madera y los títeres de tela para sobrevivir a la embestida febril de los smartphones, mp3, consolas de videojuegos, mp4 y demás dispositivos de tantas marcas, opciones y precios,  apetecidos por los más pequeños de la familia.
En el vigésimo quinto aniversario de Expo Artesanías, una de las ferias más importantes de Latinoamérica en esta materia, el pabellón dedicado a la infancia cobija no más de seis estantes dedicados a la lúdica tradicional, que en la práctica son buses escolares,  motocicletas en miniatura, mono patinetas, curiosos teatrinos, coloridas marionetas y monigotes,  hechos de restos de tablas o de retazos de tela que cobran vida con solo montarlos o arropar un dedo.
La mariquita filomena y sus amigos de la selva, del mundo de los insectos y de la granja  son algunos personajes de las historias engendradas por la diseñadora de modas y estudiante de licenciatura infantil Edilma Quintana mientras, puntada tras puntada, daba forma a sus pequeños títeres de mano y boca. 
Las aventuras, voces y temperamentos que en adelante encarnen correrán por cuenta de quienes los lleven a casa. 
Y ahí está el secreto de la vida de los juguetes tradicionales a través del tiempo y la arremetida tecnológica. “Es bonito ver como papás e hijos se divierten con un algo tan simple, jugar, compartir, comunicar en familia”, dice Edilma Quintana.
Yolanda Rey, diseñadora de sus propios objetos de madera,  lo reafirma cuando dice “los papás quieren que los niños vuelvan a esos juegos que tuvieron ellos  y  nosotros las abuelas, y quieren alejarlos un poco de toda la parte tecnológica. Estos juegos son para niños en desarrollo, que están empezando a crecer y que también ayudan a la imaginación”.
Lo mismo opina María Camila Corredor, expositora de un singular parque automotor compuesto por toda clase de réplicas de vehículos, desde una Harley Davidson del año 60 hasta una retroexcavadora de tamaño infantil,  hechos de la madera sobrante de los muebles que elaboran en un taller. 
“Les inculcamos a los niños que jueguen con las patinetas, tú sabes que los niños son hiperactivos, ven eso y se antojan de lo demás cosas y son súper interactivos. Queremos sacar a los niños de las tablets, que volvamos a lo antiguo, que volvamos a la mesa con la familia, a jugar en el parque, a comunicar, creo que a los niños les llama mucho la atención porque además ayudan a su motricidad fina”.
El aumento en los precios del dólar y el alto costo de la tecnología son otros de los argumentos que esgrimen artesanos y defensores de estos pasatiempos de ayer cuando aseguran que son muy económicos en comparación con los años que durarán  y las generaciones que podrán disfrutarlos.
Un muñeco de tela puede costar desde 5 mil hasta 15 mil pesos dependiendo si es un títere de dedo o de mano y un carro de madera desde 50 mil el más pequeño hasta 250 mil pesos el más grande, teniendo en cuenta el riguroso trabajo de cortado, pulido, pintura y ensamble que hace el artesano. 
“Con una y hasta dos de estas marionetas, un niño es capaz de construir un maravilloso universo de personajes y anécdotas que despiertan su imaginación”, afirma Yolanda Rey. 
Annie de Acevedo, psicóloga familiar, asegura que pese al boom de lo táctil y lo digital, hay un fenómeno que está pasando. “mis nietos han vuelto a jugar parqués, estamos empezando a recuperar eso otra vez. No podemos negar que la tecnología los vuelve más rápidos pero los juegos tradicionales ayudan a tolerar la frustración, a ser más colaboradores, a comunicar mejor. Lo ideal es no dar la espalda a uno ni al otro. Una combinación de ambos juguetes podría ser ideal para desarrollar las destrezas del mundo real y del mundo virtual.
Los excesos son malos y eso indica que aún hay salud mental.”
Aunque cada vez es menor la oferta en el mercado los juguetes tradicionales están lejos de desaparecer. No pueden competir con las intensas promociones a las que apela la tecnología para ganar más adeptos  pero sobreviven honrosamente de la nostalgia de los padres y la curiosidad que despiertan en sus hijos ayudándolos a crecer con la inocencia y la imaginación de los viejos tiempos.
Mónica Vengoechea / NoticiasRCN.com
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