Niños con diabetes en Tunja enfrentan nueva crisis por falta de insulina
Los casos más críticos son los de María Fernanda, de 3 años, y Mariana, de 7, quienes dependen de la solidaridad de otros pacientes insulinodependientes.
Noticias RCN
06:48 p. m.
Tunja, Boyacá vuelve a ser escenario de una situación que ya había sido denunciada meses atrás: niños con diabetes tipo 1 están enfrentando nuevamente la escasez de insulina y de insumos indispensables para su tratamiento.
Las farmacias encargadas de entregar el medicamento no han suministrado las dosis correspondientes a enero ni febrero, lo que ha generado alarma entre las familias.
Una historia que se repite
En julio del año pasado, padres de familia ya habían denunciado la falta de insulina para sus hijos. Tras la visibilidad mediática, las EPS aceleraron la entrega de los medicamentos.
Sin embargo, siete meses después, la problemática regresa. La última entrega registrada fue el 28 de diciembre de 2025, y desde entonces los pacientes no han recibido los cartuchos de insulina ni las agujas necesarias para la aplicación.
Los casos más críticos son los de María Fernanda, de 3 años, y Mariana, de 7, quienes dependen de la solidaridad de otros pacientes insulinodependientes o de la compra de dispositivos alternativos que no garantizan las dosis exactas. Esto provoca riesgos de hipoglucemias o hiperglucemias, afectando gravemente su salud y calidad de vida.
EPS intervenidas y largas filas en farmacias
Las menores son pacientes de las EPS Sanitas y Famisanar, esta última intervenida por el gobierno. En el caso de Famisanar, los padres deben acudir a la farmacia Discolmex, donde la situación es aún más compleja: llegan desde las 3 de la mañana para alcanzar uno de los 100 turnos diarios, pero al final reciben la misma respuesta: “los medicamentos están pendientes”.
Este panorama refleja no solo la crisis en Tunja, sino un problema que se extiende a varias regiones del país. En 2026, familias siguen esperando la entrega de tratamientos vitales para sus hijos, mientras la incertidumbre y la indignación crecen frente a un sistema de salud que no logra garantizar lo más básico: la vida de los pacientes.