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Retrato Hablado: Furia Letal, la intolerancia que desangra a Bogotá

Las historias tienen muchos rostros que solo se pueden identificar cuando alguien los pone a la luz. Detrás de una discusión banal o un roce accidental, se esconde una violencia desmedida.


Noticias RCN

ene 12 de 2026
10:00 a. m.


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Bogotá, una ciudad de más de 8 millones de habitantes, enfrenta hoy un enemigo silencioso pero devastador: la intolerancia. Lo que comienza como una diferencia mínima —un balón en un tejado, un empujón en la calle o una mirada en una fiesta— termina convirtiéndose en un expediente judicial.

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Bajo el título de "Furia Letal", este capítulo de Retrato Hablado expone la otra cara de una sociedad donde la razón se nubla y el arrebato de violencia no tiene explicación lógica.

El adiós a un genio: El caso de Jaime Esteban Moreno

Octubre de 2025 cerró con una noticia que estremeció al país: el asesinato de Jaime Esteban Moreno Jaramillo, un joven de 20 años, estudiante de ingeniería en la Universidad de los Andes y apasionado del ajedrez. Jaime era un joven disciplinado y noble que nunca buscó conflictos. Sin embargo, tras asistir a una fiesta de Halloween en Chapinero, fue perseguido y atacado brutalmente.

Las cámaras de seguridad revelaron la saña del ataque: Juan Carlos Suárez Ortiz y Ricardo González (quien portaba orejas de conejo) lo golpearon y le propinaron una patada fulminante mientras una mujer, presuntamente Kleydimar Fernández, incitaba a la agresión. Jaime murió ahogado en su propia sangre. Su padre, Jaime Alberto, resume el dolor de una nación:

"No hay razón para dejar a una madre deshecha a puertas de la locura, ni justificación para privar a un niño de su hermano". Los agresores, que no mostraron arrepentimiento, enfrentan hoy penas de hasta 40 años de cárcel.

Un balón y una puñalada fatal en Ciudad Bolívar

En el barrio El Paraíso, la tragedia llegó por algo tan insignificante como un balón de juego. Marticela Zúñiga, una asistente de cocina, hoy clama por justicia tras la muerte de su hijo de 17 años. El joven, un bailarín que soñaba con ser policía, intervino para ayudar a su hermana menor a recuperar un balón que había caído en el tejado de un vecino.

La discusión escaló en cuestión de minutos. Un menor de 16 años, presuntamente incitado por su padre, le propinó una puñalada fatal en el corazón. Hoy, Marticela vive el calvario de ver al agresor caminar por el mismo barrio gracias a los beneficios de la ley de menores, mientras ella lucha por no caer en la desesperación. "Vivir con la pérdida de un hijo es como luchar contra el mundo cada día", confiesa con el alma rota.

Duván Liscano: El profesor que enseñaba paz y halló la muerte

La intolerancia no respeta amistades ni legados. Duván Armando Liscano, profesor de una escuela de fútbol y estudiante de trabajo social, dedicaba su vida a reivindicar el fútbol como una herramienta de paz. Irónicamente, el 2 de marzo de 2025, durante la celebración del cumpleaños de Independiente Santa Fe, fue atacado con un arma cortopunzante por alias "Pelos", alguien a quien conocía desde hacía cinco años.

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Una diferencia personal momentánea fue suficiente para que su "amigo" le arrebatara la vida a los 24 años. Su familia hoy lucha para que el caso no quede en la impunidad y para que la sonrisa de Duván, quien siempre buscó unir a las personas, no sea olvidada en medio del cemento de la ciudad.

Radiografía de una crisis social

La magnitud de esta problemática en Bogotá ha dejado de ser una serie de hechos aislados para convertirse en una crisis de salud pública que cobra, en promedio, la vida de una persona cada día. Las estadísticas son contundentes: cuatro de cada diez homicidios en la ciudad son producto directo de la intolerancia, una realidad que el año pasado llevó a que 273 familias sufrieran una pérdida irreparable.

Este fenómeno se gesta en la cotidianidad de las calles, donde se registran cerca de 750 riñas diarias, enfrentamientos que en el 80% de los casos se ejecutan con armas cortopunzantes, seguidas por armas traumáticas y objetos contundentes. Desde la neuropsicología, se explica que estos estados de ira activan el sistema simpático y "anestesian" la razón, dejando al descubierto un desprecio absoluto por la vida ajena.

La marca de la tragedia

Incluso para quienes sobreviven, como Alfonso Leal, un obrero que fue agredido tras un simple empujón en Fontibón, la vida nunca vuelve a ser la misma. El impacto emocional y físico de ser víctima de la furia de un desconocido deja cicatrices que el tiempo difícilmente borra.

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Bogotá sigue contando muertos en lugar de prevenir tragedias. La lección que queda es amarga pero necesaria: ninguna diferencia, por mínima que parezca, justifica arrebatar una vida. La justicia avanza, pero el vacío en los hogares de Jaime, Duván y el hijo de Marticela es una herida que la sociedad entera debe ayudar a sanar.

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