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Una herida abierta: el caso Yuliana Samboní vuelve a la memoria del país

A casi una década del crimen que estremeció a Colombia, Mañana Express revive esta historia en un reportaje que busca respuestas donde aún persisten las preguntas.


Noticias RCN

may 05 de 2026
11:42 a. m.

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En una nueva entrega de Reportajes Express, vuelve sobre uno de los casos más dolorosos y simbólicos de la historia reciente del país: el asesinato de Yuliana Samboní. Un crimen que no solo marcó a Bogotá, sino que dejó al descubierto profundas fallas sociales, desigualdades y la vulnerabilidad de la infancia en Colombia.

La periodista Ana María Gómez abre este especial recordando que esta no es solo una historia del pasado. Diez años después, dice, sigue siendo una herida abierta. Yuliana, una niña de apenas 7 años, se convirtió en el reflejo de múltiples problemáticas: la pobreza, el desplazamiento forzado y la falta de protección efectiva del Estado.

La menor vivía con su familia en el barrio Bosque Calderón Tejada, en los cerros orientales de Bogotá, tras haber sido desplazada desde el Cauca. En medio de condiciones precarias, su vida transcurría entre carencias, hasta el día en que fue raptada mientras jugaba cerca de su casa.

Lo que comenzó como una desaparición terminó en tragedia. Horas después, su cuerpo fue hallado en un exclusivo edificio del norte de la ciudad, un contraste que sacudió la conciencia colectiva del país. La investigación reveló no solo la brutalidad del crimen, sino también indicios de planificación previa por parte del agresor, Rafael Uribe Noguera, quien posteriormente fue capturado y condenado.

¿Alcanzó la justicia en el caso de Juliana Samboní?

Sin embargo, el reportaje plantea una pregunta que aún incomoda: ¿alcanzó la justicia? Aunque hubo una condena, las secuelas siguen presentes. La familia Samboní, según el informe, continúa enfrentando condiciones de precariedad, lo que reabre el debate sobre la reparación real a las víctimas.

El especial también profundiza en el perfil del victimario, descrito por expertos como un depredador que identifica y ataca poblaciones vulnerables, evidenciando patrones que, según advierten, deben ser atendidos con mayor rigor por las autoridades.

Mañana Express no solo reconstruye los hechos, sino que invita a la reflexión. Porque más allá del caso judicial, Juliana representa a miles de niños y niñas expuestos a riesgos similares en contextos de desigualdad.

Esta es la primera parte de un informe que promete ahondar en los vacíos que dejó este crimen y en las lecciones que, una década después, el país aún está en deuda de aprender.

El caso comenzó la tarde del 4 de diciembre de 2016, cuando Yuliana jugaba cerca de su casa en el barrio Bosque Calderón Tejada, en los cerros orientales de Chapinero, Bogotá. La familia Samboní, desplazada del Cauca, vivía en un asentamiento informal marcado por la pobreza extrema. “Ella, su familia, había sido desplazada de su población en el Cauca (…) y en Bogotá vivían unas condiciones realmente inhumanas”, relata el reportaje.

Rafael Uribe Noguera, arquitecto de 38 años, recorría la zona en una camioneta cuando raptó a la niña. “La investigación da cuenta de que hubo, al menos, un contacto previo entre Rafael Uribe y la niña Yuliana Samboní”, según los investigadores. Expertos lo describieron como un depredador sexual: “El depredador humano es alguien que, a través de muchos factores, decide victimizar ciertas poblaciones; por lo general, son poblaciones vulnerables, niños, niñas”.

Sus hermanos, Francisco y Catalina Uribe Noguera, fueron inicialmente vinculados como presuntos cómplices. “Había una botella de aguardiente, había una maleta”, se encontró en la escena. Sin embargo, la justicia no logró probar su participación directa en el crimen.

El Tribunal Superior de Bogotá aumentó la pena a 58 años e impuso sanciones económicas por más de 1.200 millones de pesos. No obstante, la *reparación económica* nunca se concretó. Rafael Uribe Noguera declaró no tener bienes a su nombre; la constructora vinculada a su familia se liquidó, y “la reparación terminó caducando sin concretarse una indemnización real para la familia Samboní”.

“Tristemente casos como el de Yuliana reflejan no solo los delitos cometidos contra la infancia, sino la falta de protección que tienen algunos menores en nuestro país”, concluyen los expertos. El caso evidenció la desigualdad social en Colombia: mientras el entorno del agresor mantuvo privilegios, la familia de Yuliana continúa enfrentando condiciones precarias.

Horas después, el cuerpo de Yuliana fue encontrado en el edificio Ecus 66, construido por la familia del agresor. Las pruebas forenses revelaron la brutalidad del crimen. “Hubo maltrato físico y una violencia extrema”, confirmaron las autoridades. Según Medicina Legal, la niña murió por una asfixia tanto por sofocación como por compresión, además de mostrar señales de abuso sexual y tortura.

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