Casos en los que se puede pedir indemnización por daños y perjuicios: lo que dice la ley
Conozca cuándo sí y cuándo no se debe pedir indemnización por daños y perjuicios.
Noticias RCN
09:00 a. m.
La figura de la indemnización por daños y perjuicios no actúa como un premio o una ganancia inesperada, sino como un mecanismo de restauración. Su objetivo fundamental es, en la medida de lo posible, devolver a la víctima a la situación en la que se encontraba antes de que ocurriera el evento lesivo.
Sin embargo, para que un juez dicte una sentencia condenatoria, no basta con sentirse perjudicado; es necesario que se articulen una serie de presupuestos legales que la jurisprudencia ha ido perfilando con rigor.
Casos en los que se puede pedir indemnización por daños y perjuicios
El primer paso para entender este derecho es la distinción entre la responsabilidad contractual y la extracontractual. La primera surge cuando existe un vínculo previo, como un contrato de compraventa o de servicios, y una de las partes falta a su palabra o cumple de forma defectuosa.
En cambio, la responsabilidad extracontractual nace del principio general de que "nadie debe dañar a otro", aplicándose en situaciones cotidianas como accidentes de tráfico o daños por filtraciones de agua entre vecinos.
En ambos casos, el nexo causal es el corazón de la reclamación: debe demostrarse de forma inequívoca que el daño es consecuencia directa de la acción del demandado, sin que intervengan factores externos o la propia negligencia de la víctima que pudieran romper esa cadena lógica.
En cuanto a la cuantificación del daño, la ley permite reclamar tanto lo que se ha perdido como lo que se ha dejado de percibir. El daño emergente se refiere a los gastos tangibles y directos, como las facturas de un hospital o el coste de reposición de un objeto roto.
Por otro lado, el lucro cesante representa uno de los retos probatorios más complejos, ya que exige demostrar con una probabilidad altísima —y no meras expectativas— que el afectado habría obtenido ciertos beneficios económicos de no haber ocurrido el incidente.
A esto se suma el daño moral, que protege la esfera emocional y la dignidad, aunque su valoración sigue siendo una de las áreas más subjetivas y dependientes del arbitrio judicial.
Es crucial tener en cuenta que el derecho a reclamar no es eterno. La ley impone plazos de prescripción que, en el caso de la responsabilidad extracontractual, suelen ser de apenas un año desde que el agraviado tiene conocimiento del daño y puede ejercitar la acción. Por ello, la diligencia en la recopilación de pruebas, tales como informes periciales, actas notariales o testimonios, resulta determinante.
En la actualidad, el sistema legal también incentiva la resolución extrajudicial, sugiriendo que antes de saturar los tribunales, las partes intenten una negociación formal que permita resarcir el daño de manera más ágil y menos costosa para ambas partes.