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Millones de colombianos sin agua ni energía: ¿El costo social de un modelo centralista agotado?

Foto: suministrada a Noticias RCN.

Muchos colombianos siguen sin agua potable ni energía suficiente, mientras la riqueza y las decisiones continúan concentrándose lejos de los territorios que más las necesitan.


Noticias RCN

feb 05 de 2026
09:57 a. m.

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Durante años ha escuchado promesas de desarrollo, equidad y cierre de brechas, pero la realidad cotidiana sigue marcada por la escasez. El abogado e historiado Augusto Forero hizo una radiografía de las carencias de muchos colombianos y señaló que 9,6 millones de personas viven en condiciones de pobreza energética y cerca de cinco millones no tienen acceso a agua potable en aproximadamente 800 municipios del país.

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Asimismo, indicó que se trata de cifras aisladas, sino del reflejo de un modelo que, pese a los discursos de cambio, no ha variado en lo esencial durante los últimos años.

Para Forero, la desigualdad territorial en Colombia es estructural y se manifiesta con crudeza en los indicadores económicos. Bogotá registra un PIB per cápita superior a los 53,4 millones de pesos, una cifra que contrasta de manera abismal con departamentos como Vichada, Guainía y Vaupés, donde apenas se alcanzan los nueve millones.

La brecha es tan profunda que solo diez departamentos logran llegar a la mitad de la riqueza que produce la capital, como si dentro del mismo país coexistieran realidades económicas completamente distintas.

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¿Carencias en Colombia son el costo de un modelo centralista agotado?

Este desequilibrio tendría raíces en un modelo centralista que concentra recursos, decisiones y poder político en el nivel nacional. Entre 2001 y 2023, a través del sistema de participaciones y regalías, las regiones dejaron de administrar cerca de 440 billones de pesos que, en teoría, estaban destinados a impulsar el desarrollo local.

En la práctica, ese dinero terminó reforzando la dependencia de los territorios frente al centro del país, obligándolos a mendigar recursos para atender necesidades básicas, señaló el historiador.

De acuerdo con Forero, Colombia es el país de los “mendigos sentados en sacos de oro”, donde los municipios deben pedir permiso para construir un acueducto, mejorar una vía o levantar una escuela.

Esta lógica ha perpetuado una herencia colonial que aún pesa sobre la organización territorial y ha facilitado la consolidación del clientelismo y la corrupción como prácticas normalizadas de gestión local.

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El historiador refiere que el problema no se reduce únicamente a la falta de recursos. La experiencia demuestra que transferir dinero sin una visión clara de desarrollo termina siendo estéril.

Las regiones necesitarían un horizonte de sentido, una apuesta estratégica que les permita identificar sus fortalezas y proyectarse con autonomía. Sin planificación, la inversión pública se diluye y reproduce los mismos vicios que se pretende corregir.

La autonomía regional es una urgencia en un mundo donde la tecnología, la biotecnología y la industria 4.0 avanzan con rapidez. Liberar a las regiones del centralismo no es fragmentar el país, sino permitir que cada territorio sea dueño de su futuro y, con ello, construir una Colombia más equilibrada y justa, enfatizó Forero.

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