Trabajador de la Zona Cero habló de las graves secuelas que le dejó el 11S: ¿les dieron una compensación?
25 años después, relató los problemas de salud que ha enfrentado y la compensación que recibió por su labor.
Valentina Bernal
01:07 p. m.
El 11 de septiembre de 2001, Franklin Achanguá Herrera se dirigía a trabajar junto a su jefe por Canal Street, en Nueva York. Ambos se movilizaban en un automóvil rumbo al edificio donde realizarían trabajos de pintura.
En ese momento, todavía no conocían la magnitud de lo que estaba ocurriendo.
El tráfico comenzó a detenerse, las sirenas de policías y bomberos se hicieron cada vez más frecuentes y las calles quedaron prácticamente paralizadas. Para Franklin, inicialmente, se trataba de un incendio o de algún accidente de grandes proporciones.
Fue hasta que llegaron al edificio donde trabajarían que pudo observar las primeras imágenes de lo ocurrido.
¿En qué se desempeñaba y cómo apoyó tras el atentado del 11S?
Los días siguientes cambiaron por completo su rutina. La zona permanecía cerrada y fuertemente custodiada, por lo que Franklin perdió temporalmente su trabajo.
Fue entonces cuando un amigo peruano, Aaron Díaz, le contó que estaban buscando trabajadores para las labores de limpieza en la Zona Cero. La oportunidad laboral lo llevó directamente al lugar donde habían ocurrido los atentados.
Franklin comenzó a trabajar para una empresa dedicada a las labores de limpieza general y terminó recorriendo diferentes puntos de la zona afectada.
Me movía, estaba en diferentes lugares.
Su trabajo consistía en apoyar diferentes tareas que eran necesarias en medio de la recuperación.
Franklin recuerda que llevaba agua para otras personas, limpiaba sectores altos de edificios y colaboraba con labores en lugares como la iglesia Holy Trinity. También estuvo encargado de transportar elementos para su limpieza y trabajó en apartamentos.
Sin embargo, años después comenzó a dimensionar las consecuencias que, según su relato, tuvo aquella experiencia.
Yo nunca pensé que producto de ese trabajo, mi vida iba a cambiar totalmente.
¿Qué secuelas le quedaron?
Franklin cuenta que aproximadamente en 2005 comenzó a experimentar problemas estomacales, entre ellos acidez y reflujo.
Con el paso de los años, su estado de salud se deterioró y en 2011 acudió por primera vez al hospital Bellevue, en Manhattan, donde se vinculó a un programa de atención para personas afectadas por su exposición tras los atentados.
Desde entonces, asegura haber recibido tratamientos para diferentes problemas de salud, entre ellos reflujo, sinusitis, rinitis y asma. También relata que recientemente fue diagnosticado con un trastorno relacionado con el sueño.
A estas condiciones físicas se suman, según su testimonio, problemas de ansiedad, estrés postraumático y otras afectaciones psicológicas.
Han sido prácticamente 15 años de estar en diferentes manos de especialistas, de estar ingiriendo pastillas tras pastillas.
¿Tuvo alguna compensación?
Franklin también emprendió acciones para buscar una compensación por los daños que asegura haber sufrido después de trabajar en las labores de recuperación.
En 2019 recibió 50.000 dólares por parte del seguro de la empresa para la que trabajó. Sin embargo, asegura que ese dinero no representó una solución a largo plazo.
Según explicó, utilizó la compensación para ayudar a su madre, apoyar a su hermano en Perú, pagar el alquiler y cubrir sus necesidades básicas.
Mi vida vale 50 mil dólares para yo vivir los próximos 30 años, 40 años. Esto no es dinero en este país.
Franklin también asegura que manifestó su inconformidad ante el programa de atención del 11 de septiembre porque consideraba que las compensaciones recibidas por algunos trabajadores latinos eran inferiores a las de otros grupos de socorristas.