El Fin De Las Llamadas Sin Permiso. ¿Para Cuándo?
Si hay un abuso agobiante y casi delincuencial al que estamos expuestos todos los colombianos, es a esa llamadera comercial cualquier día y a cualquier hora para ofrecernos lo que sea, y siempre, casualmente en los momentos donde estamos más ocupados, o no queremos saber que somos un cliente muy especial para alguien.
La ley 1480 de 2011 en sus apartes de defensa al consumidor y la ley 1581 de 2012 que habla sobre la protección de datos personales para los usuarios casi que coinciden en la misma defensa para amparar los datos sensibles linkeados a relaciones comerciales existentes, pero con un vacío editorial enorme sobre la pertinencia y la libertad del establecimiento para abordar a los ciudadanos cuando se les antoje.
Y es que no importa en qué momento, las personas tercerizadas de los contact centers o las fuerzas comerciales de las compañías emprenden una, dos o infinidad de veces una pesca agobiante que por lo general no finaliza con uN: “no me interesa” de parte de los usuarios.
Adicionalmente padecemos preguntas como: “y me podría indicar por qué no le interesa”, o “cuál es el motivo de su rechazo”, incluso, hay otros que hablan de la competencia: “me puede decir con qué operador está y yo le mejoro la oferta”. Esto francamente no puede ser más agobiante y desgastante, porque además ni respiran para que uno pueda encontrar el hueco y decirles algo.
Le propongo a la Superintendencia de Industria y Comercio, a su delegatura de Protección al Consumidor y de Habeas Data, un tema simple, sin desgaste y con posibilidad enorme de monetizar el incumplimiento, para que de forma técnica expidan una disposición para obligar al comercio a enviar un mensaje de whatsapp preguntándole al usuario si tiene algún interés en recibir la oferta que quieren ofrecer.
Es que de verdad, y es incomparable lo licito de las apuestas comerciales y las empresas en sus estrategias de ventas, pero el tema del acoso es tal, que ni solicitando expresamente dar de baja en las bases de datos, las llamadas siguen insistentemente al punto de interrumpir sin clemencia el desarrollo de la vida de los propios consumidores, desconociendo mensajes de correo electrónico, inmersiones digitales de impacto, o solicitudes expresas, como cualquier persona que por cortesía le pregunta a alguien que no conoce si es prudente poder llamarlo.
Al tema adicionalmente le sale una pata enorme y esa sí de verdad delictiva. No siempre es el comercio el que agobia a los consumidores, hay muchas llamadas coactivas o intimidantes hechas desde las cárceles y ahí sí no tiene alcance alguno la Superintendencia. Acá en este punto y ojalá me ayuden a socializarlo, pidámosle al Presidente De La Espriella una ayuda urgente para que se bloqueen a la redonda, sin posibilidad de manipulación, todos los datos y líneas celulares desde los centros de reclusión, con el fin de evitarle también al ciudadano el dolor de cabeza de lidiar también contra la delincuencia.
Con voluntad, estas propuestas podrían arrancar a ponerse en marcha desde este mismo viernes. Ojalá la Superintendencia, y estoy seguro que al Presidente, le puede sonar mucho la idea rigurosa de blindar la tranquilidad de los ciudadanos.