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En un país serio, esto no pasaría

9.200 pesos nos costaba el galón de gasolina cuando Petro llegó a su muy lamentable presidencia hace 4 años, en los que la subió hasta casi 16.000 pesos.


Andrés Hoyos
sept 02 de 2026 01:46 p. m.
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Con la única explicación, orquestada por sus bots respectivos, de acabar con el déficit del fondo de estabilización de los precios del combustible. En síntesis, vendió la idea que se iba a dar esa “pela” antipopular para optimizar los márgenes de endeudamiento.

El fin de semana, no más, se conoció que además de subir la gasolina de forma histórica, el economista, que decía que imprimieran billetes, dejó un déficit de casi 10 billones de pesos para este año, llegando a cifras históricas del fondo de 14 billones más alto que el del mismo Duque, que finalmente era la explicación con las que las letradas bodegas comparaban esta medida.

Varias preguntas. ¿En dónde está la plata?, ¿Por qué las bodegas ya no defienden más este descalabro?, ¿Nuestra justicia no da para investigar con rigor quién se benefició también de esto?, ¿Hasta cuándo vamos a estar documentando escándalos con los recursos de la gente sin que pase nada?

Acá no estamos hablando de los amores de Gustavo, o si verdaderamente es inolvidable o no. Tampoco estamos hablando de sus injertos en la sombra, o lo que bien pueda hacer en su vida personal en la sombra también. Estamos hablando de plata de los colombianos, de recursos que podrían servir para financiar la expropiación deliberada con la que le cambiaron las condiciones a los colombianos que veníamos ahorrando para nuestra pensión.

Más de 50 billones nos cuesta la corrupción en Colombia anualmente, más los detallitos menores de tanto economista que con sofismas de distracción conmueve a su comité de aplausos que no sabe ni lo que promueve, para empobrecer deliberadamente a los que mayor soporte necesitan. Ahí encontramos a la misma corrupción, malos manejos de recursos, clientelismo, y tantas amigas con poderosos esquemas de seguridad para transportar sus títulos falsos, enredados en los crespos belicosos de relatos que hasta ahora no entendemos y nuestra justicia tampoco parece querer entender.

Es absurdo, por no utilizar un calificativo editorial muy molesto, que entre más plata se pierda, más tienen que pagar los colombianos que no tienen nada que ver para llenar esos huecos. Es como una fascinación por condenar a la pobreza a quienes hagan las cosas bien, mientras se evidencian centenares de atracos directos que terminan en la dilación de una justicia que parece temerle al hampa.

Ojalá quienes han emprendido diferentes conversaciones con autoridades que si paren bolas, incluidas las internacionales, logren demostrar y lograr que se judicialicen con todo el rigor, personajes que tanto daño le hacen todos los días a Colombia.

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