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Más cámaras de seguridad, menos de velocidad

Es importante dar el debate sobre la pertinencia de esta herramienta coactiva que claramente le da un flujo de caja interesante a la ciudad.


Andrés Hoyos
ago 25 de 2026 06:00 p. m.
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Los reductores de velocidad no generan ingresos pero cumplen incluso una función más universal a la hora de prevenir accidentes. ¿Por qué no los ponen en vez de las cámaras? ¡Exacto!

Y es que quienes defienden esta forma coactiva y bastante deficiente a la hora de obtener recursos a las malas, históricamente han pretendido ampararse en la reducción de siniestros, como si estuviéramos hablando de autopistas europeas donde van encima de los 120 kilómetros por hora.

En Bogotá entre las 6:30 de la mañana hasta las 8, la velocidad promedio es entre los 5 y los 10 km/h. luego sube hasta 30 y en las horas valle sobrepasan los 50 de las cámaras que tenemos cada que respiramos. No más en los últimos 2 años el distrito ha recaudado cerca de 600 mil millones de pesos con las cámaras de velocidad. Según denuncias de Daniel Briceño el 60% de las multas se las pusieron a vehículos que iban entre 56 y 60 Km/h.

En estos últimos 4 años la capital reporta 2197 fallecidos por sinestros viales. 536 en 2022, 544 en 2023, 565 en 2024 y 552 en 2025. Cifras verdaderamente alarmantes que directamente dilapidan la tesis de seguridad que proveen unas cámaras, en una ciudad que francamente se podrían instalar otras alternativas de prevención, como reductores de velocidad o policías acostados, lo cual evidentemente sería una torpeza en una autopista de 2 carriles, pero a la cual se le podrían implementar indicadores de velocidad digitales, o si queremos ser muy tecnológicos, sensores satelitales de reducción, además de otras decenas de alternativas funcionales como el famoso Intelligent Speed Assistance en países del primer mundo.

En varias partes de Colombia o incluso en Bogotá, se dice que la capital hace varias administraciones, se convirtió en un parqueadero repleto de cámaras que, en vez de cuidar a la gente de los vergonzosos atracos a plena luz del día, se nutre coactivamente de los fallos tecnológicos que siempre terminan cascando a quien va manejando y no a quién comete los delitos como los que vimos apenas hace algunas horas en el estadio El Campín. ¡Con patecabra al hombro y todo!

Es importante dar el debate sobre la pertinencia de esta herramienta coactiva que claramente le da un flujo de caja interesante a la ciudad, pero ¿realmente aporta a la disminución de accidentes y muertes? Los indicadores dicen que no. ¿No valdría la pena analizar otras alternativas que realmente impacten y no casquen muchas veces injustamente a los conductores? Tremendo reto para la ministra de Transporte, Elsa Noguera, y para el alcalde Galán que, aunque siempre tremendamente diligente y dispuesto, no se le puede pasar por alto el malestar justificado por parte de la ciudadanía, el poco impacto de la medida, y ahora, los preocupantes anuncios para seguir paralizando el tráfico en una ciudad que necesita justamente movilizarse con prevención, efectividad y mucha seguridad.

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