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El país que decrece a punta de relatos

Uno de los problemas más grandes de la autopercepción es que los charlatanes tienden a autopercibirse como seres iluminados que vienen a cambiar el mundo.


Andrés Hoyos
mar 31 de 2026 02:33 p. m.
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Uno de los problemas más grandes de la autopercepción es que los charlatanes tienden a autopercibirse como seres iluminados que vienen a cambiar el mundo. Y desde afuera tienen soluciones para todo, y una vez les toca el reto, justifican su inoperancia echándole la culpa de sus desaciertos a los otros.

Eso es justamente lo que hemos venido padeciendo desde hace muchos años con las corrientes de relatos y rarezas divisorios que, contrario a enriquecer un debate para construir desde las necesidades de todos, se ha encargado incoherentemente de justificar los atropellos más crueles, incendiando lo que vean a su paso, pero que no comparta la misma bandera que han pretendido cambiarnos desde siempre.

Lo vemos a diario con los ataques viscerales a las mujeres, a los gays, a los negros, a la prensa, a los niños y a todo lo que no está en su misma línea de relato, mientras dicen defender justamente lo que atacan permanentemente porque no los aplaude. Hablaban de los excesos a los que estaban los niños en Gaza, pero no ponen una sola condena por los más de 18 mil que utilizó la guerrilla en Colombia para usarlos como carne de cañón o incluso abusarlos sexualmente.

Usaron a Francia Márquez con el marketing político más despiadado, para seguirla ninguneando en su propia ilusión de convertirla en un referente de cambio; Atacan todos los días a Juan Daniel Oviedo porque es Gay, pero no es su gay; se burlaron de un ministro negro en plena reunión de estado dando a entender que nunca iban a recibir órdenes de uno de ellos; a las mujeres les han dicho “muñecas de la mafia”, “princesas de la oligarquía”, y hasta “mujeres vampiras”. Es una especie de hibrido gordo entre el líder y su secta, que manotean untados de fango mientras se burlan de los que no quieren revolcarse con ellos.

Cada enunciado, “orden”, acción, o política pública, arranca con un “como comandante supremo…” y bla bla bla, dejando ver de entrada una carencia, un resentiemiento incontrolable, y un delirio permanente del autosometimiento de una idea de inferioridad que alimentan todos los días, incluso con jóvenes que sin criterio han ido adoptado el relato de salvar a Barrabas antes que a Jesús, por poner un ejemplo de esta semana que aborrecen como religión pero disfrutan con sus agendas privadas financiadas con los recursos de los colombianos.

La realidad hoy, es que el relato “cautivante” y como siempre lo advertimos, se quedó en eso. Gustavo Petro prometió 100 Universidades y ha entregado 8, prometió 500 mil cupos y sólo ha dado 120 mil, dijo que lograría la paz con el ELN y ustedes ya saben la película; prometió bajar el costo de vida y la inflación la alcanzó a tener en 13%, dijo que cambiaría la economía y el crecimiento cayó del 7,3% al 1%; Se han perdido más de medio millón de empleos formales; hoy estamos enfrentando el peor de los escenarios de Crowding out con respecto al peor gasto público de la historia, sumado a la peor ejecución del milenio.

Nunca escribió bien, nunca se sentó bien, nunca habló bien, nunca dijo una sola verdad, nunca sumó, nunca gobernó. Los libros de historia tendrán 4 años de limbo en el que su único logro fue devolvernos 30 años mientras el mundo competía, sumaba, se unía, y avanzaba.

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