¿Y la confianza? ¡Ay, San José Bendito!
Violar la confianza no puede ser una política de Estado, menos aún cuando en tres años y medio se acumulan excesos, venganzas ideológicas y falsos argumentos que terminan pareciéndose más a un delito que a una propuesta de país.
Violar la confianza no puede ser una política de estado. Y esto es justamente lo que hemos visto durante estos 3 años y medio de excesos categóricos, hechos reales y un sinnúmero de venganzas ideológicas que parecen más un ataque hormonal, que una propuesta a favor de un país, que terminó asaltado de frente con falsos argumentos disruptivos, que se configuran y asemejan mucho más a un delito.
Nos han asaltado en la confianza para graduar a sus funcionarios de 3 carreras en un mismo día; han insultado y amenazado a los medios y a los periodistas que documentan con rigor cada requisito institucional violado. Han saqueado las finanzas del estado para defenderse de acciones personales orquestadas por ellos mismos. 10 mil millones, con argumentos falaces para salir de una penosa lista que casi que escribieron con sus propias torpezas y delirios.
Han maltratado a las mujeres de los medios de comunicación, a los negros, dicen que “los ricos también lloran”, se burlan de las dolencias de la clase media y caricaturizan sus angustias con revanchismos inventados por el odio específico a una clase a la que pertenecen, pero de la cual despotrican haciendo referencias al resentimiento racial o de conocimiento.
No son confiables ni escribiendo un tuit. Se roban sus propias letras, maltratan la ortografía, atacan y violentan el rigor y el conocimiento técnico. Todo lo que hagan y propongan sus detractores está mal, mientras venden sus contrapropuestas con maquetas de cartón paja, renders en Paint, o carpas de guerra para vestir soluciones en la salud.
Cada exceso que se les demuestra lo justifican con sus antepasados. Hoy son el Gobierno con menos ejecución presupuestal en décadas. Tan solo el 81,9% en 2024 es un reflejo de la muy pobre gestión administrativa, en contrasentido con ser el gobierno que más presupuesto ha pedido. ¿En dónde está toda esa plata?
Se vendieron como la oferta de transparencia y estructura social por excelencia. “la mano amiga de la equidad”, y en cambio lo que hemos visto con datos, y no con chismes: Amplia violación de los topes electorales, cuestionados movimientos con restaurantes o empresarios que no existen, juegos inter académicos con universidades que han falsificado títulos, personas sin preparación para manejar los mismos recursos de los colombianos; ministros en la cárcel, contratistas con los que iban a cambiar la historia del país, que hoy los denuncian por corrupción y malos manejos; ¡Hasta el propio hijo!
¿Y la confianza? ¿Dónde queda la confianza? Está bien que los gobiernos expresan un sentimiento representativo en la misma democracia que los escogió, pero ¿por qué maltratar y engañar hasta a su propia gente? Que fácil es hacer planes con los recursos ajenos, qué fácil es querer cambiar el mundo aferrándose a generar necesidades para venderse como redentor de ellas mismas; y qué fácil, cambiar la historia con una trampa financiada sin pudor alguno, sacrificando verdaderas necesidades de la gente, de su misma gente.