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¿Y dónde está el feminismo cuando el señalado es de los suyos?

El país necesita con urgencia saber la verdad de lo que ocurrió.


Andrés Hoyos
oct 29 de 2026 09:11 a. m.
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Hay colombianos haciendo malabares para pagar el mercado, endeudándose para llegar a fin de mes, trasnochando para cumplir sus obligaciones y pagando impuestos hasta por respirar. 4 por 1000, impuesto a la renta, tasa por la riqueza, declaraciones de IVA, declaraciones de renta, carga contributiva porcentual dependiendo de los ingresos para los parafiscales, y tantas arandelas por las cuales cualquier emprendedor se trasnocha, para que presuntamente todo ese presupuesto termine en fines personales que francamente no deberían involucrar cuestionamientos de movimientos públicos.

Por eso, las denuncias de Deicy Jiménez publicadas por Vicky Dávila en SEMANA no son un simple chisme político. Gustavo Petro está en todo su derecho de hacer con su vida íntima y su plata lo que quiera, pero el Presidente de la República y los recursos públicos no tienen como objeto misional hacer “inolvidable” a nadie en la cama, para utilizarlo como un proceso psicológico editorial de las auto heridas y los complejos de alguien.

El suceso, que hasta ahora es simplemente una denuncia pública que merece total y riguroso esclarecimiento, insisto, por la presunta utilización del poder y los recursos públicos de cara a cuestionamientos que según la denunciante vinculaban también droga de por medio, plantean preguntas gravísimas sobre una estructura de comportamiento que está pasando de rumores comprometedores a testigos con presuntas pruebas, que hoy en día prefieren guardar para autoridades por fuera de Colombia.

¿Por qué? ¿Acaso acá no hay una Fiscalía que brinde tranquilidad a los denunciantes? ¿Acaso las autoridades jurídicas no ofrecen garantías y resultados?

Aquí surge otra indignación: la del ultrafeminismo recalcitrante selectivo, ese que parece sufrir una afonía providencial cuando el señalado pertenece a su propia tribu política. ¿Dónde están las voces que se proclaman defensoras irrestrictas de las mujeres? Si el nombre denunciado fuera el de un adversario, ¿tendrán hoy la misma prudencia y complacencia? O ¿cuántas arengas, marchas y banderas incendiadas llevaríamos? ¿Cuarenta y ocho? Las mismas de la llamada comunidad de “las mariposas amarillas”, que reales, o metafóricas, terminarán polinizando el silencio.

El país necesita con urgencia saber la verdad de lo que ocurrió. No por el muy desagradable cuadro morboso de las sábanas de un ciudadano, que bien podría omitirse en su totalidad en adelante, sino por las preocupantes denuncias que involucran recursos públicos mezclados con presuntos abusos de poder y tantas cosas dichas por el excanciller Leyva, Day Vásquez, Eva Ferrer, el mismo Benedetti en su momento, Angie Rodríguez, ahora esta señora Deicy, y tantos colombianos que siguen poniendo su nombre y su cara, con las complejidades de seguridad que esto implica.

El más interesado debería ser el mismo Gustavo Petro, que saldría en hombros si la historia demostrara que cada denuncia termina siendo un relato orquestado. ¿Por qué no aceleramos?

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