CANAL RCN

Inteligencia Artificial y marcas de agua ¿qué nos dice de la autorregulación de las tecnologías disruptivas?

Pedro J. Londoño, asociado Senior del área de Propiedad Intelectual


Baker McKenzie
sept 15 de 2026 07:15 p. m.
Unirse al canal de Whatsapp de Noticias RCN

En las últimas semanas, la gigante tecnológica Anthropic anunció que implementará marcas de agua para el contenido generado por Claude, su herramienta de inteligencia artificial (IA). La decisión, aunque no surge de manera espontánea y responde en buena medida a las exigencias regulatorias previstas en la Ley de IA de la Unión Europea (UE), tiene implicaciones que merecen especial atención.

La idea tampoco es completamente novedosa. Años atrás, compañías como Meta ya habían planteado la posibilidad de incorporar mecanismos similares para identificar contenido generado por IA. Sin embargo, el hecho de que una de las empresas más influyentes del ecosistema actual de IA generativa adopte formalmente esta medida reabre una discusión que va mucho más allá de la tecnología. En particular, plantea preguntas relevantes para el mundo de la propiedad intelectual.

En los últimos años, la IA ha puesto patas arriba muchos de los conceptos sobre los que tradicionalmente se ha construido la propiedad intelectual. Debate tras debate, el sector ha tenido que enfrentarse a preguntas que hasta hace pocos años parecían impensables: ¿puede una obra creada por una máquina estar protegida por derechos de autor?, ¿constituye el entrenamiento de modelos de lenguaje una utilización no autorizada de obras protegidas?, ¿quién es realmente el autor cuando una creación surge de la interacción entre una persona y un algoritmo? Ahora, la decisión de Anthropic añade una nueva pregunta a la lista: ¿la incorporación de marcas de agua limita la creatividad de quienes utilizan estas herramientas para crear?

El propósito de la medida parece claro. En un contexto marcado por la proliferación de desinformación, contenidos manipulados digitalmente y deepfakes cada vez más sofisticados, identificar cuándo una imagen, un audio o un texto han sido generados mediante IA puede convertirse en una herramienta valiosa para fortalecer la transparencia y la confianza de los usuarios. Sin embargo, la discusión no es tan sencilla. Para muchos creadores, emprendedores, diseñadores o artistas que utilizan estas herramientas como un medio para materializar ideas, la imposición de marcas de agua podría ser una restricción tecnológica que condiciona la forma en que sus creaciones son compartidas o consumidas. La misma tecnología que amplía las capacidades creativas del ser humano comienza también a incorporar mecanismos que delimitan sus usos.

Sin embargo, todas estas preguntas están desviando la atención de un fenómeno todavía más interesante: el creciente papel de la autorregulación en el desarrollo de las tecnologías disruptivas. Aunque la decisión de Anthropic está alineada con las exigencias regulatorias europeas, la realidad es que la conversación sobre marcas de agua en contenidos generados por IA comenzó mucho antes de que la Ley de IA de la UE entrara en vigor. Varias empresas del sector ya exploraban mecanismos voluntarios para aumentar la trazabilidad y transparencia de sus sistemas. Esto revela una tendencia cada vez más evidente: las grandes compañías tecnológicas no están esperando necesariamente a que los reguladores definan todas las reglas del juego.

En algunos casos, buscan anticiparse a futuras obligaciones regulatorias. En otros, pretenden construir ventajas competitivas a través de la confianza y la transparencia. Y, en muchos escenarios, simplemente reconocen una realidad incuestionable: la velocidad de la innovación tecnológica supera con frecuencia la capacidad de reacción de los legisladores. Por eso, quizá la pregunta más relevante no es si las marcas de agua afectan o no la creatividad de los usuarios. La verdadera pregunta es quién está definiendo los límites de la inteligencia artificial. Tradicionalmente esa función ha correspondido a los Estados y a los reguladores. Hoy, sin embargo, parte de esas decisiones se están tomando en los directorios de las grandes empresas tecnológicas. Y ahí reside uno de los debates más importantes de nuestro tiempo. Mientras la discusión pública suele centrarse en las leyes que deberán gobernar la inteligencia artificial, las empresas que desarrollan estas tecnologías ya están tomando decisiones que, en la práctica, moldean su funcionamiento, determinan sus límites y condicionan la forma en que millones de personas interactúan con ellas.

Las marcas de agua de Anthropic son solo un ejemplo. Pero detrás de ellas surge una pregunta mucho más trascendental: ¿la autorregulación está empezando a escribir las primeras reglas de la inteligencia artificial?

Unirse al canal de Whatsapp de Noticias RCN Síguenos en Google News

Otras noticias