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La nueva normalidad y las razones para ser optimistas

Por Jaime Trujillo, Socio de M&A, Baker McKenzie


Baker McKenzie
feb 20 de 2026 04:54 p. m.
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La conversación sobre inversión extranjera en Colombia suele oscilar entre el pesimismo coyuntural y el optimismo estructural. Sin embargo, quienes estamos cerca de las transacciones internacionales sabemos algo que a menudo se pierde en medio del ruido: el mundo vive hoy una volatilidad que no tiene que ver con Colombia, sino con una transformación geopolítica profunda, global y permanente. Y, paradójicamente, en ese entorno tan incierto, Colombia mantiene fundamentos sólidos que justifican ser optimistas.

Durante los últimos veinte años, la economía global disfrutó de una estabilidad relativa. Hoy las tensiones comerciales, los conflictos regionales, los ciclos electorales simultáneos y el reordenamiento de las cadenas de suministro nos obligan a entender que la incertidumbre llegó para quedarse. Las empresas de todo el mundo, y las colombianas no son la excepción, están aprendiendo a navegar escenarios donde todo puede cambiar de un momento a otro. Esto exige decisiones más ágiles, más eficientes y con una visión de largo plazo, porque ya no se trata de esperar a que el entorno mejore, sino de competir dentro de él. Esta es la nueva normalidad.

Ese cambio estructural también redefinió a los inversionistas. Hoy vemos, de un lado, al inversionista estratégico que piensa en horizontes de veinte, treinta o incluso cincuenta años. Son jugadores globales que han visto crisis en todos los continentes y nada los sorprende. Tienen acceso a financiación barata, pueden esperar ciclos complejos y saben identificar mercados con fundamentos fuertes. Son ellos quienes aún creen en Colombia. Del otro lado está el inversionista financiero, que busca ventanas de corto plazo y que, por definición, es más sensible a la incertidumbre coyuntural. Este grupo se ha frenado, a la espera de oportunidades excepcionales.

Además, observamos un cambio interesante: los inversionistas ya no miran países de manera aislada, sino bloques regionales. Para ellos, Colombia, Perú y Ecuador conforman un corredor estratégico que permite escalar operaciones en sectores como consumo, servicios y energías renovables. La región, en conjunto, se ha vuelto más relevante que la historia individual de cada país.

En el caso colombiano, sigue existiendo otro elemento clave que a veces se subestima: nuestra competitividad frente a Estados Unidos. Las condiciones preferenciales continúan siendo ampliamente favorables; El ejemplo del café es ilustrativo: mientras Brasil, nuestro principal competidor enfrenta aranceles cercanos al 50 %, Colombia está al 10 %.. De hecho, en la última década, las exportaciones a Estados Unidos se han duplicado, y nada indica que los flujos de comercio o inversión vayan a detenerse. De hecho, las tensiones geopolíticas recientes no afectan la relación comercial ni la percepción del país como destino de inversión.

Las ventajas competitivas estructurales del país continúan: la institucionalidad, la separación de poderes, el tamaño y distribución del mercado, la capacidad adquisitiva de la clase media y la ubicación estratégica. Esta última se ha convertido en un factor especialmente relevante, porque Colombia está asumiendo un rol cada vez más claro como hub logístico de América.

Por eso, aunque no podemos desconocer la volatilidad ni los desafíos, también debemos poner en perspectiva las razones factuales para ser optimistas. Las empresas están entendiendo su nuevo rol; los inversionistas estratégicos siguen llegando; la relación comercial con Estados Unidos permanece fuerte; la región está ganando relevancia; y Colombia, más allá de cualquier coyuntura política, mantiene atributos institucionales, geográficos, demográficos y económicos que la hacen atractiva en el largo plazo.

Por todo esto, creemos que las inversiones no solo continuarán, sino que seguramente aumentarán. Colombia sigue siendo un mercado confiable, competitivo y estratégicamente indispensable en la región. Y cuando se mira desde el punto de vista de quienes invierten pensando en décadas y no en meses, el futuro del país se ve con optimismo, incluso en medio de la incertidumbre global.

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