Sumar, aún en la diferencia.
Hay una paradoja curiosa en la política colombiana: todos dicen querer unir al país, pero la mayoría de estrategias electorales siguen construyéndose sobre la división.
Su lógica les parece simple: marcar enemigos, exagerar diferencias y simplificar debates. Pero el resultado siempre es el mismo: un país que divide mucho y suma poco.
Por eso el ejercicio electoral que tenemos este domingo tiene un valor sencillo, pero profundamente democrático: ir a las urnas y pedir el tarjetón de las consultas. Esa votación es una oportunidad que realmente es nueva en nuestro país, ¡son lo que se conoce como las primarias en Estados Unidos y Europa!
Sin imposiciones o acuerdos de puertas cerradas, la decisión pasa primero por nosotros, los ciudadanos. Y es que durante demasiado tiempo la política ha tratado a los votantes como audiencias que deben reaccionar a consignas. Esta es la oportunidad de identificar distintas visiones de país y decidir cuál liderazgo merece encabezar un proyecto colectivo.
Y sí, quiero hablar de una en específico, La Gran Consulta por Colombia. Sin eliminar las diferencias, que son inevitables y necesarias, propuso algo retador: competir sin destruir la posibilidad de trabajar juntos después. En lugar de fingir uniformidad, han decidido someter esos contrastes, incluso cualquier atisbo de ego, a un mecanismo democrático para que los ciudadanos decidan cuál visión debe encabezar ese propósito común.
Cuando uno mira con atención a quienes participan en ese proceso, aparece algo interesante. No una coincidencia ideológica, sería ingenuo pensarlo, sino una coincidencia en el enfoque: la necesidad de recuperar la seriedad en la manera de discutir los problemas del país. Hablan de seguridad sin convertirla en espectáculo, de crecimiento económico sin vender soluciones mágicas, de promover el Estado sin caer en el derroche.
Eso no significa que todos tengan las mismas respuestas, de hecho, lo valioso de La Gran Consulta Por Colombia es justamente que permite contrastarlas. E impone algo importante: son una generación de liderazgos para el corto, mediano y largo plazo, dispuesta a discutir con argumentos, no solo con consignas.
Por eso pedir el tarjetón de la Consulta este domingo importa. No solo para elegir un candidato o candidata, sino para respaldar una forma de hacer política, La Gran Consulta Por Colombia reconoce la competencia democrática sin convertirla en una guerra permanente. La política no tiene por qué ser una guerra de egos enfrentados, con nuestro voto este domingo podrá ser la construcción de un proyecto común entre personas que piensan distinto, pero que entienden que gobernar exige algo más que tener razón: exige saber sumar.
¡Hay con quién! Muchos ya lo tenemos decidido. Mi voto será por… el voto es secreto, pero lo importante es algo mucho más simple, y más poderoso: entender que el país avanza cuando aprendemos a sumar, aún en la diferencia.