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Promover a Colombia es una tarea que trasciende los ciclos de gobierno

Hay decisiones que un país no puede darse el lujo de reiniciar cada cuatro años.


Carmen Cecilia Caballero
abr 27 de 2026 10:29 a. m.
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La forma en que Colombia se proyecta al mundo es una de ellas. Exportar más y mejor, atraer inversión de calidad y consolidarse como destino turístico no son objetivos de un gobierno en particular, sino condiciones necesarias para sostener el crecimiento en el tiempo.

En ese terreno, la continuidad no es una consigna: es una ventaja competitiva. Y pocas instituciones reflejan mejor esa lógica que ProColombia, una entidad que, desde hace más de tres décadas, ha venido construyendo una red, un conocimiento y una capacidad de ejecución orientadas a un mismo propósito: conectar la economía colombiana con el mundo de manera cada vez más sofisticada.

Por eso conviene decirlo sin rodeos: aquí existe una herramienta de promoción de los colombianos, por colombianos y para colombianos. Una entidad que opera en más de 30 países y que lleva la oferta nacional a mercados donde muchas empresas no podrían llegar por sí solas.

Esa presencia global no es un lujo ni un componente accesorio de la política exterior; es infraestructura económica. Es la posibilidad de atraer inversión para el desarrollo, que una empresa en una región apartada acceda a un comprador internacional, de que un proyecto productivo encuentre capital, de que Colombia compita por decisiones de inversión en condiciones más equilibradas, o posicionar al país en el tablero turístico mundial.

Esa capacidad acumulada se refleja en resultados contundentes. Entre agosto de 2022 y marzo de 2026, hemos facilitado la llegada de 599 proyectos de capital extranjero, con una expectativa de generación de más de 330.800 empleos en 123 municipios de 25 departamentos en sectores productivos no extractivos. Más allá del volumen, hay un dato relevante: la inversión empieza a mostrar una mayor dispersión territorial, lo que sugiere que la internacionalización también puede ser una herramienta de desarrollo regional.

En exportaciones, la escala del trabajo también ha sido significativa. Más de 12.200 empresas, en su mayoría mipymes, fueron contactadas y acompañadas en 454 municipios de 32 departamentos, y 6.281 de ellas reportaron negocios por US$12.793 millones con compradores en 155 países.

A esto se suma un esfuerzo menos visible pero igual de importante: la formación y preparación empresarial. Más de 111.000 personas y 30.000 empresas participaron en procesos de fortalecimiento de capacidades, mientras 163 compañías lograron expandir sus operaciones a 21 países. Es decir, la internacionalización no solo se mide en ventas, sino en la capacidad de sostenerlas.

Esa misma lógica de construcción de capacidades se traslada a los escenarios de conexión internacional. La Macrorrueda de las Américas, cuya edición más reciente acaba de realizarse en Bogotá y aún se encuentra en proceso de consolidación de cifras, es uno de esos espacios. Su valor no está únicamente en el número de citas o en las expectativas de negocio, sino en algo más estructural: la posibilidad de integrar en un mismo entorno la conversación sobre exportaciones, inversión y turismo, entendiendo que son dimensiones interdependientes de la competitividad.

Ese esfuerzo no es aislado. Ha tenido continuidad en distintas ciudades del país como Cartagena, Cali y Barranquilla, y también en escenarios internacionales como México o la participación de Colombia en Expo Osaka, donde la promoción económica se inserta en discusiones globales sobre sostenibilidad, innovación y nuevas cadenas de valor. En paralelo, iniciativas como la rueda Colombia–África apuntan a un objetivo estratégico: diversificar mercados y reducir la dependencia de destinos tradicionales, un desafío que Colombia ha postergado durante demasiado tiempo.

En turismo, los avances también muestran una tendencia clara. Entre agosto de 2022 y febrero de 2026, el país registró la llegada de 22,5 millones de visitantes no residentes, en paralelo con la apertura de 82 nuevas rutas aéreas y una expansión significativa de la capacidad internacional. Más allá del volumen, lo relevante es la ampliación de la oferta: nuevos destinos, nuevas experiencias y una mayor presencia en segmentos como el turismo de reuniones, donde Colombia ha logrado captar más de 2.100 eventos internacionales con acompañamiento institucional.

Este panorama cobra especial importancia en un momento de transición política. Colombia elegirá un nuevo gobierno que asumirá el próximo 7 de agosto, con su propia agenda y sus propias prioridades. Ese relevo es parte natural de la democracia. Pero en un entorno internacional cada vez más exigente, donde los países compiten activamente por capital, mercados y visitantes, hay capacidades que ganan valor precisamente por su continuidad.

La promoción del país es una de ellas. No como un modelo rígido, sino como una plataforma que puede, y debe, adaptarse a nuevas visiones, pero sin perder lo construido. El gobierno que llegue encontrará una red operando, relaciones activas en múltiples mercados y un acumulado de experiencia que permite ejecutar con mayor velocidad y precisión.

Más que una discusión institucional, se trata de una conversación sobre cómo Colombia se proyecta en el largo plazo. La internacionalización no es un punto de llegada, sino un proceso que se construye sobre lo que ya existe, se corrige cuando es necesario y se fortalece con el tiempo.

En un mundo donde la competencia es cada vez más sofisticada, la diferencia suele estar menos en empezar de nuevo y más en saber aprovechar lo que ya está en marcha.

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