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El debate político y la democracia enferma | Por: Carolina Fierro

Los debates políticos en campaña se consideran como puntos de referencia de una democracia saludable. Los ciudadanos ven los debates como parte de un proceso electoral abierto y transparente en el que todos los candidatos pueden competir en igualdad de condiciones.


Carolina Fierro
oct 05 de 2020 06:00 a. m.
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Por: Carolina Fierro* 

@CaroFierroVal en Twitter 

Lo que vimos en el debate presidencial de la semana pasada entre Donald Trump y Joe Biden, muestra entonces síntomas de enfermedad de la democracia en Estados Unidos.

Y si trasladamos el debate público y político también aquí en Colombia, vemos que este indicador nos muestra cómo la democracia colombiana presenta síntomas de deterioro y disminución cada vez más profundos.

Aunque no estamos en campaña por ahora, el debate en redes sociales ya vislumbra lo que será la campaña presidencial de las elecciones en el 2022 en nuestro país.

Un debate de candidatos es un foro neutral y digno, en el que los líderes que compiten por un cargo de elección popular responden a las mismas preguntas que plantean los votantes o un moderador.

En teoría los candidatos llegan a un acuerdo sobre las reglas, sobre todo en lo que respecta a la respuesta y el tiempo de intervención para garantizar la equidad.

En el concepto original de los debates se deben abordar temas y propuestas y no a las personas, la religión o el origen étnico. Y el objetivo de estos es promover la tolerancia política, el diálogo constructivo y la información de las propuestas a los votantes convenciéndolos con sus ideas de votar por ellos.

Los debates en campaña son el único momento en que los candidatos están juntos, al mismo tiempo, y en el mismo lugar. Esto en teoría debe dar a los votantes la oportunidad de hacer comparaciones de lado y lado y a los candidatos la oportunidad de decir por qué son los más adecuados para el cargo al que están aspirando.

Lo que vimos en el debate de los candidatos a la presidencia en Estados Unidos no cumplió en ningún momento estas intenciones para las cuales fueron concebidos los debates en campaña. 

Todo lo contrario: se demostró el deterioro del debate público y de la conciencia pública ya que ese nivel de discusión no permite dilucidar las ideas y las convicciones. Al revés, se trató de ahogar la posibilidad de discernir entre dos posiciones en medio de una confusión y un alegato sobre el cual no se puede reflexionar.

Lo visto en Estados Unidos, país con democracia fuerte, es un campanazo para el resto del mundo y una lección para nuestro país del cómo no caer en el alegato emocional y con esto seguir resquebrajando la democracia que ya bastantes fallas tiene.

*Politóloga

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