Que no sea demasiado tarde
Un ciberataque aumentó la temperatura de las neveras de cerca de 400 supermercados en Francia, echando a perder miles de alimentos y dejando pérdidas millonarias. ¿Es posible anticiparse a estos eventos?
La noticia pasó casi que inadvertida en gran parte del planeta. La mayoría de los medios de comunicación registraban las protestas que sacudían las calles en varias ciudades de Francia, mientras que unos cuantos prestaron atención a un singular ciberataque.
En la noche del domingo 11 de octubre, entre 300 y 400 supermercados en toda Francia tuvieron que desechar alimentos, porque piratas informáticos tomaron el control remoto de un software de gestión de refrigeración y aumentaron las temperaturas de neveras y congeladores hasta los 50 grados Celsius.
Más allá de las perdidas monetarias que originó a las grandes cadenas de supermercados, el ciberataque reveló algo que para muchas personas no es tan evidente. Y es que los ataques informáticos van más allá del robo de una contraseña o una suplantación en línea y, por el contrario, pueden tener —y tienen— afectaciones en el mundo físico para afectar nuestra cotidianeidad.
Es evidente que vivimos en un mundo hiperconectado, por lo que los ciberataques no se limitan exclusivamente a computadores personales o teléfonos inteligentes y, por el contrario, cada vez más tienen en su mira a sistemas críticos en empresas que de fallar pueden alterar, de manera significativa, el día a día de las personas en todo el planeta.
Ante este escenario surgen preguntas. ¿Es posible hacerles frente a estos ciberataques? ¿Cómo hacerlo? La respuesta es tan sencilla como demoledora: la clave está en anticiparse.
Aquí hay un punto neurálgico a tener en cuenta y es que una instalación puede operar con total normalidad y mantener, al mismo tiempo, una exposición que la empresa desconoce. Que un equipo esté funcionando no garantiza que no vaya a haber problemas, ya que esto no acredita que los accesos estén protegidos ni que la recuperación, tras un ciberataque, esté asegurada.
El episodio de los refrigerados en Francia es un campanazo de alerta. Cualquier equipo conectado que intervenga en un proceso crítico merece una evaluación acorde con las consecuencias de perder su control. Su importancia, entonces, radica en la función que desempeña y del impacto ante un posible fallo. Desconocer un riesgo no puede ser una excusa y, por el contrario, impide tomar una decisión consciente sobre cómo prevenirlo.
La anticipación debe entonces responder a preguntas concretas como ¿qué activos sostienen la operación de la empresa?, ¿quiénes pueden acceder a ellos?, ¿qué terceros tienen incidencia en el día a día de una organización? La resiliencia ante un ciberataque debe pasar por el conocimiento, la segmentación de los entornos —informáticos e industriales— y el control de los accesos externos.
Responder esas preguntas es fundamental, como también lo es comprobar la capacidad de recuperación mediante pruebas de los procedimientos, así como revisar las copias de seguridad y las comunicaciones. Un ensayo permite descubrir —antes de una emergencia—, qué decisiones hacen faltan y qué recursos no estarán disponibles cuando se necesiten.
La ciberseguridad ha de ser entendida como en una herramienta para proteger la competitividad. Las empresas deben apostar por partners expertos que los acompañen en esa conexión entre riesgo tecnológico y decisión empresarial. El valor de es socio debe medirse por su capacidad para ayudar a la organización a entender qué puede comprometer su actividad, decidir dónde actuar primero y comprobar que las medidas adoptadas funcionan. Todo esto antes de que sea demasiado tarde.