Hay días así…
Mujercitas, de Louisa May Alcott, un clásico de la literatura en el que sus personajes tienen “días así”.
Hay días en los que no hay nada por decir. Días en los que las palabras deciden dormir, ponerse la pijama sin mirar el reloj. Días de mar agitado y veleros anclados.
Hay días en los que todo nos espanta, días de luces apagadas y puertas cerradas. Y… hay días de campos abiertos, de serenatas en ventanas y cometas elevadas.
Hay días en los que no amanece, días de espera, aunque no haya una espera.
Hay tardes de nostalgia que aprisionan hasta quitar el aliento, y también hay soles que abrazan sin importar estación ni tiempo. Tibios rayos que apaciguan la llovizna y sonidos cálidos como hojas arrastradas por el viento.
Hay tardes con lunas afanadas por salir y noches en las que las lunas huyen sin advertir.
Hay tardes de invierno: esas grises con nubes indolentes que ensombrecen recuerdos. Tardes de las que huimos, lluvias que nos alcanzan a pesar de los paraguas.
Hay tardes de invierno… y veranos que reposan en el pasto. Verde esplendor que brota en cada gota de lamento, huertos llenos de frutos luego de un fuerte aguacero.
Hay días así… hay tardes así… y hay noches en las que el ruido no cesa, las voces no callan, la linterna no enciende.
Noches somnolientas, cubriendo sus ojeras. Noches sin desfile de bostezos.
Y hay noches en las que las almohadas silban, las estrellas sonríen, la esperanza arrulla y la certeza susurra: “todo estará bien”.
En esto quedé hilando tras leer Mujercitas, de Louisa May Alcott, un clásico de la literatura en el que sus personajes tienen “días así”.
Jo, Meg, Beth, Amy, la señora y el señor March, Laurie y el señor Laurence saben que hay días así, y saben que siempre habrá un nuevo amanecer.