Hay espacio en la banca, pero caminaré
La mayoría de las personas vivimos en el pasado y nos resistimos a vivir en un nuevo futuro.
Hay sombras que desaparecen, agua que no permanece, fotos no reveladas, miradas nunca cruzadas, puentes no caminados, estrellas sin nombre, uvas que fermentan, rocas erosionadas.
¿Y tú? Constante.
Hay que pausar. Hay espacio en la banca, pero caminaré. Ir sin ti no es separarme de ti; solo es distancia.
Acomódate bien, pondré este abrigo en tus piernas para que sientas calor. ¿Apago la luz? Sé lo que dirás. Conozco ese gesto y lo que te perturba el silencio.
Hay danza adonde voy, también un acordeón. No estarás. Es hora de partir y el afán me sonríe al verme sin ti. ¿Qué más hay por descubrir? Otros ya han estado allí.
Me acostumbré a ti: como la luna a su cita nocturna, como el colibrí al jardín, como el abrazo a los cuerpos, como el brindis al festejo... como el té a la compañía.
Lo comprendí.
El viaje inicia y el equipaje es liviano, la respiración está en calma, el corazón no se agita, la melancolía se espanta... No estás aquí y quiero que sea así.
Hay despedidas que ocurren, como los romances que nacen, como los arroyos que corren, como los caminos que a algún lugar llegan, como la hierba que crece bajo la lluvia, como los silencios en los días grises, como las noticias que nunca terminan, como las risas en los parques infantiles.
Agradezco lo compartido. Suelta mi mano, nos acompañamos demasiado. Sigue ahí, estarás bien.
Decirle adiós al pasado, a lo que no nos hace bien, a los pensamientos que no se callan: intrusivos, no compasivos; señalan, se hospedan sin aviso, secuestran y persiguen; devoradores, arrasadores.
En esto quedé hilando tras leer ‘Deja de ser tú’, de Joe Dispenza: “La mayoría de las personas vivimos en el pasado y nos resistimos a vivir en un nuevo futuro. ¿Por qué? Porque el cuerpo está tan acostumbrado a memorizar los registros químicos de las experiencias pasadas que se acaba apegando a esas emociones. En un sentido muy real, nos volvemos adictos a los sentimientos de siempre.
Los sentimientos y las emociones no son en sí malos. Son producto de las experiencias. Pero si estamos siempre reviviendo los mismos de siempre, no viviremos ninguna experiencia nueva".
Hay espacio en la banca, pero caminaré.