CANAL RCN

Cartas del diablo a su sobrino

"Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar" (1 Pedro 5: 8)


Hernán Estupiñán
may 21 de 2026 12:16 p. m.
Unirse al canal de Whatsapp de Noticias RCN

 

¡Cuidado, no vaya a ser cierto”, como decía mi mamá cuando nos advertía de un potencial peligro. Recordé esta frase con insistencia durante la pasada Feria del Libro de Bogotá, donde casi sofocado por el boato de los títulos de moda, se rindió un modesto pero legítimo homenaje a la obra, esta sí, de un grande de la Literatura, C. S.

Lewis. La editorial estadounidense HarperColllins, que publica la obra del genial escritor británico, también en español, trajo al nuevo ilustrador de las famosas Crónicas de Narnia, Owen Richardson, y nos llenó de esperanza –digo, a mi esposa y a mí– ver llegar al salón donde se daría la charla a una apreciable cantidad de niños de la mano de sus papás, y en la otra, o sosteniendo contra su pecho, un ejemplar de la memorable saga.

Esta vez, voy a referirme a una obra breve, pero no menor, de Lewis, que según comentó un gestor editorial, es la más vendida después de las reconocidas Crónicas. Y este libro, “Cartas del diablo a su sobrino”, publicado en español por el Grupo Nelson con un sugestivo subtítulo “Lo que el enemigo no quiere que sepas”, evidentemente es una joya. Crean o no en este poderoso propulsor del mal, su mejor estrategia es persuadirnos de que no existe. El autor se empeña en mostrar que la estratagema de Escrutopo (el diablo) en sus consejos a Orugario (su sobrino) es la mentira. Sí, la mentira. Basta con que examinemos esta cita:

“Tu hombre se ha acostumbrado, desde que era un muchacho, a tener dentro de su cabeza, bailoteando juntas, una docena de filosofías incompatibles –señala una de la treintena de cartas–. Él no piensa, ante todo, si las doctrinas son ciertas o falsas, sino sin son «académicas» o prácticas, anticuadas o contemporáneas, convencionales o implacables. La jerga, no la argumentación, es tu mejor aliado…”. Y le enfatiza a su sobrino: “Recuerda que estás ahí para confundirlo; por cómo hablan algunos de ustedes, demonios jóvenes, cualquiera creería que nuestro trabajo consiste en enseñar.”

“Las cartas del diablo a su sobrino” está dedicado a J. R. R. Tolkien, colega y amigo personal de Lewis, con quien el autor sostuvo sesudas conversaciones y fraternas controversias incluso sobre la manera de mostrar la verdad de las Escrituras en sus obras literarias. Lewis no tenía inconveniente en confesar a Dios en sus libros, mientras Tolkien, autor de “El Señor de los anillos”, prefería no ser explícito.

Y así como me emocioné viendo a los niños con “Las crónicas de Narnia” en sus pequeñas manos, me llené de esperanza escuchando a un joven, pues para hablar de estas fascinantes creaciones literarias conversé, también en la FilBo, con el chileno Juan Tomás Widow, joven pero versado historiador, profundo conocedor de la obra de los dos autores británicos. “Muchos jóvenes buscamos hoy en día cuestiones que nos llenen el corazón y que nos hagan sentir plenos”, fue lo primero que me dijo. Y hablamos de la plenitud de la fe en un mundo racionalizado. “Uno lee Narnia y parece que Dios está en el texto, aparece casi mencionado en las hojas; con Tolkien es diferente, pero Dios también está ahí, incluso él dice que no habría terminado El Señor de los anillos si no fuera por Lewis. Los dos hicieron arte para creyentes y no creyentes”.

El historiador se atreve a aventurar que si Lewis viviera haría una secuela de Cartas del diablo a su sobrino, porque plantea asuntos de tremenda actualidad. “Estamos en un combate espiritual, y así mucha gente no lo quiera ver por odio a lo religioso o por ignorancia, o simplemente por no querer conocer una visión realista de lo que es la fe, estamos en un conflicto, no solamente entre el bien y el mal, sino en un mundo lleno de monumentos a la fealdad y se hace necesario que recuperemos una visión estética, agradecida y asombrada de la belleza… Estos autores levantaron la mirada en una Europa triste y dolida y apostaron por cosas grandes”, agrega el historiador.

Coincidido con Widow, mi entrevistado, en que hoy hace falta en la literatura volver a apostar por esta clase de libros. El formidable Martín Lutero tenía razón cuando sentenció que al diablo también se le combate con tinta.

Volvamos a las cartas: “El mero hecho de razonar despeja la mente del paciente, y una vez despierta su razón, ¿quién puede prever el resultado? –apunta el que ya sabemos por boca del libro de Lewis–. Enséñalo a llamarle «vida real» y no lo dejes que se pregunte qué entiende por «real»”.

Ahora que corren tiempos electorales, “¡Cuidado, no vaya a ser cierto” que nos dejemos engañar, como sucede en otra de las obras de Lewis, su breve novela “El gran divorcio”, un viaje en el que los pasajeros de un bus creen ir para el cielo, porque apenas buscan un camino de rosas cuando en realidad transitan otro repleto de espinas y abrojos que no los deja ver sus maldades y sus defectos.

La edición de “Cartas del diablo a su sobrino” en español viene acompañada de un prólogo del propio Lewis y citas previas de otros dos grades hombres de fe. Ésta de Lutero: “La mejor forma de expulsar al diablo, si no se rinde ante el texto de las Escrituras, es mofarse y no hacerle caso”. Y ésta otra de Tomás Moro, nadie menos que el autor de la famosa “Utopia”, cuando aseguró que “El diablo… espíritu orgulloso… no puede aguantar que se burlen de él”.

Unirse al canal de Whatsapp de Noticias RCN Síguenos en Google News

Otras noticias