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Cuando la ficción se vuelve realidad: Inteligencia artificial autónoma

Uno de los aspectos que más preocupa a los investigadores es la ausencia total de restricciones en la asignación de permisos.


Ignacio Triana
feb 10 de 2026 10:25 a. m.
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Siempre considero importante aclarar que el propósito de las columnas que escribo no son para generar temor ni descalificar una tecnología emergente, sino analizar y reflexionar acerca de su impacto, y promover un uso responsable, tanto a nivel personal como organizacional.

En los últimos días, ha llamado la atención la temática sobre Moltbook, una red social atípica en la que los usuarios no son personas, sino agentes de inteligencia artificial que interactúan entre sí, intercambian información y, en algunos casos, desarrollan “creencias” o patrones de comportamiento emergentes.

¿De dónde proviene este fenómeno? Gran parte de este escenario está impulsado por el auge de OpenClaw, un agente autónomo de código abierto que cualquier usuario puede instalar en su propio ordenador. Al ejecutarse localmente, tiene acceso directo a información del usuario y es capaz de actuar de manera independiente. Su diseño incorpora memoria persistente, permisos amplios y configuraciones completamente abiertas, lo que le otorga un alto nivel de funcionalidad, pero también introduce riesgos significativos desde la perspectiva de seguridad.

Un informe reciente reveló que una de cada cinco organizaciones implementó OpenClaw sin la autorización del equipo de TI, generando una preocupante falta de visibilidad. Esta nueva generación de inteligencia artificial autónoma está acelerando la convergencia entre lo que antes parecía experimental y la realidad operativa de las organizaciones.

Si bien OpenClaw no representa una nueva categoría de amenaza, sí amplifica riesgos ya existentes alrededor de los agentes autónomos, como acciones no intencionadas, exfiltración de datos, abuso de permisos o exposición a módulos no verificados. La adopción masiva y acelerada de este tipo de herramientas ya ha derivado en incidentes reales, incluidas fugas de información ocasionadas por configuraciones inadecuadas, lo que evidencia una brecha entre la velocidad de la innovación y la madurez de los controles que deberán acompañarlas.

Uno de los aspectos que más preocupa a los investigadores es la ausencia total de restricciones en la asignación de permisos. Tanto un usuario como un tercero que logre influir en las instrucciones del agente puede otorgarle capacidades críticas sin procesos de validación adecuados. Esto convierte a OpenClaw en una opción poco recomendable para un uso casual y en un riesgo significativo dentro de entornos corporativos, donde los modelos de seguridad tradicionales no siempre están preparados para detectar actividades iniciadas desde el propio dispositivo.

Lo anterior nos conduce a una conclusión clave: el desafío no radica únicamente en OpenClaw, sino en el modelo operativo de los agentes autónomos. La combinación de autonomía, acceso amplio y exposición a contenidos o instrucciones influenciables por terceros configura un entorno propicio para el robo de información, la ejecución de acciones no deseadas o la exposición de datos sin una detección oportuna por parte de los controles tradicionales.

Desde Trend Micro, enfatizamos la importancia de abordar estos riesgos de manera proactiva, mediante la adopción de principios de Zero Trust, la implementación de monitoreo continuo y la eliminación de la confianza implícita en cualquier componente, integración o capacidad dentro del ecosistema tecnológico. Adaptarse con la misma rapidez, sin perder de vista la seguridad, será determinante para aprovechar el potencial que tiene OpenClawa sin comprometer la resiliencia digital.

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