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El menos peor

Lula representa lo más “aceptable” de las ideas de la izquierda moderna.


Juan David Galindo
oct 26 de 2026 07:29 p. m.
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No hay punto de comparación. A los que nos quieren hacer creer que personajes como Petro o como Cepeda son iguales a Lula Da Silva solo porque son de izquierda, hay que decirles que no entienden nada.

Partamos desde algo muy evidente: el manejo económico. Durante el último gobierno de Lula (2023-2026), el gobierno brasileño entregó más de 200 contratos nuevos de concesión y otros 34 bloques exploratorios de hidrocarburos en todo el país, incluso en el Amazonas. Lula no es tonto y sabe que el sector de hidrocarburos le deja, a través de Petrobras, más de US$19.600 millones anuales, lo que en Colombia serían más de $67,2 billones con una tasa de cambio promedio de $3.200.

Mientras en Colombia se inventan que el gobierno de Abelardo de la Espriella quiere hacer fracking en los páramos (lo cual no solo es falso sino ridículo porque en los páramos no hay petróleo), en Brasil cada día se producen más de 4,5 millones de barriles de petróleo equivalente… ¿Que raro que allá no dicen que están vendiendo el país y acabando la naturaleza, no?

Que diferencia un gobierno que sabe la importancia de sus sectores productivos y no los daña por pura ideología, como hicieron acá los cuatro años pasados. No se les olvide que desde diciembre de 2024 Colombia empezó a importar gas para uso residencial por primera vez en 30 años, ya que perdimos la autosuficiencia energética porque dejamos de buscar hidrocarburos creyendo que íbamos a salvar al mundo cuando no aportamos ni el 0,6% de las emisiones de CO2 globales.

Como lo he mencionado en columnas anteriores, la base de todo es la economía y sin ella no hay política pública que valga porque nada es gratis y todo tiene un costo. Ahora bien, a pesar de que Lula impulsa el sector extractivo, el gasto de los recursos y la situación fiscal no difiere mucho del populismo que caracteriza a los gobiernos de izquierda. Hoy en día el gasto público de Brasil asciende al 46,9% del PIB y el déficit fiscal que al cierre de julio llegó al 9,48% del PIB, cifras totalmente insostenibles.

Para ganar las elecciones, como cualquier populista, Lula prometió una serie de medidas que, de cumplirlas, solo van a empeorar la situación económica del país. Dentro de las propuestas que lo llevaron a ganar la Presidencia se encuentran la reducción de la jornada laboral a 40 horas, el aumento del programa Bolsa Familia e incluso colocar gratis el transporte público los fines de semana… populismo puro y duro.

Lo cierto es, que la situación económica no pinta nada bien para Brasil. Su moneda ha perdido el 66% de su valor en las últimas décadas y sólo en la jornada de este lunes, el real cayó otro 8% frente al dólar de Estados Unidos. De hecho, la depreciación y el excesivo gasto han hecho que la inflación lleve 8 años seguidos superando la meta del 3% del Banco Central de ese país y con promedios los últimos años por encima del 4% e incluso el 5%.

Si algo nos han mostrado las protestas en Europa es que los estados asistencialistas no funcionan en el tiempo pues se vuelven insostenibles de mantener.

El cuarto periodo de Lula como presidente, lo que hace que la izquierda haya gobernado por 17 de los últimos 26 años en Brasil, puede derivar en una crisis social sin precedentes y en la caída de un gigante económico que cada vez se hace más pequeño. Por lo menos allá Lula sabe que necesita plata para ejercer su populismo e impulsa a que las empresas la consigan, acá queríamos hacer fiesta con los dineros de los demás.

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