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Muriendo en las vías

Más allá de las aterradoras cifras, el problema es que este es un fenómeno que se ha intensificado en los últimos años y que parece no tener freno.


Juan David Galindo
sept 14 de 2026 05:54 p. m.
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Ni los límites de velocidad más bajos, ni las fotomultas, ni los reductores de velocidad han servido para bajar la accidentalidad vial en el país, pues cada hora muere una persona en un accidente de tránsito.

Según datos de la Agencia Nacional de Seguridad Vial, entre enero y junio de este año han muerto en el país 4.751 personas en accidentes de tránsito, lo que significa que cada día mueren 26,3 personas, o sea que cada hora alguien fallece en alguna vía o carretera de nuestro país.

Más allá de las aterradoras cifras, el problema es que este es un fenómeno que se ha intensificado en los últimos años y que parece no tener freno. Las cifras del primer semestre de 2026 muestran un aumento del 20% en comparación con el mismo periodo de 2025 (3.959 muertos) y de seguir esta tendencia, este año podría romper el récord y superar la cifra de los 9.000 muertos por accidentes viales, algo nunca antes visto en Colombia.

Lo peor de todo es que los distintos gobiernos han implementado una serie de medidas que han sacrificado la movilidad de las principales ciudades del país y aún así no se han visto los resultados. Desde el 2011 el Congreso aprobó la aplicación de las fotomultas en el país, o como las llaman ciertos personajes “cámaras salvavidas”. Eso sí, este sistema empezó a funcionar desde 2017, año en el que murieron 6.719 personas en accidentes de tránsito, lo que significa que al cierre del 2026 el número de fallecidos habrá aumentado en más del 28%.

A pesar de que en el país ya hay más de 350 cámaras de fotomultas instaladas y otras 400 esperando a entrar en operación, la accidentalidad no ha bajado. Parece que los más de 600.000 fotocomparendos que se imponen cada año en el país no impiden que la gente siga muriendo en las vías. Como que eso de “cámaras salvavidas” quedó en una promesa vacía.

Recordemos también que en los últimos años se han venido disminuyendo los límites de velocidad en las principales ciudades del país con el fin de evitar la accidentalidad. De hecho, desde julio de 2022 la velocidad máxima en Bogotá se redujo hasta los 50 kilómetros por hora. Ese año, el número de muertos en accidentes de tránsito fue de 8.469, lo que representó un aumento del 13,9% en comparación con 2021 cuando había sido de 7.434.

¿No están sirviendo las medidas de política pública o qué es lo que está sucediendo en las vías del país?

No hay que negar que el incremento de las fatalidades en los accidentes de tránsito también va muy de la mano con el aumento de las ventas de motocicletas en Colombia. Solo en 2025 se vendieron en el país 1,1 millones de vehículos de este tipo, lo que significó que cada día se vendieran 3.013 motos, o sea, 125 cada hora. Las motocicletas se han convertido en el medio de transporte preferido por los colombianos. Se estima que en el país hay más de 12 millones de estos vehículos, representando el 62% de la totalidad del parque automotor.

Y es que las motos tienen muchos beneficios sobre los demás tipos de vehículos: no tienen pico y plata, no pagan peajes y las de bajo cilindraje no tienen que pagar impuestos. Además, se han convertido, más allá de un medio de transporte más eficiente que un carro, en la herramienta que lleva el sustento diario a miles de familias, gracias a plataformas como Rappi o Picap.

El problema no es que haya motos, sino que los motociclistas son tal vez de los actores viales más irresponsables que hay. No es coincidencia que de los 4.751 muertos en accidentes de tránsito que van este año, el 65,7% (3.107) son motociclistas. Incluso, cuando miramos el SOAT, que sí es obligatorio para todos los vehículos, 6 de cada 10 motos no tiene este seguro al día.

La situación empeora cuando nos damos cuenta de que el 72% de los muertos en accidentes viales son personas entre los 18 y 59 años. Cada hora que pasa estamos perdiendo a una persona productiva que, en muchas ocasiones, es el único sustento que tiene una familia.

Si queremos reducir la accidentalidad debemos repensar la forma en la que estamos haciendo la política pública: ya hemos visto cómo colocar más multas y reducir los límites de velocidad no ha servido de nada. De igual manera, hay que hacer un trabajo profundo de cultura vial que involucre a todos los actores: conductores, motociclistas y peatones, con el fin de evitar que el afán y la intolerancia sean causantes de más siniestros.

Esta es una problemática que entre todos debemos solucionar. No puede ser que dejemos de matarnos en las montañas para matarnos en las vías. Podemos ser mejores.

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