Cuando la microempresa vota, la democracia se fortalece
La democracia no se sostiene solo con elecciones periódicas. Se sostiene, sobre todo, con la participación activa de los ciudadanos en las decisiones que definen el rumbo del país.
Cuando amplios sectores de la sociedad se quedan por fuera, la democracia se debilita y las decisiones terminan concentrándose en manos de unos pocos. En Colombia, existen más de 5,1 millones de micronegocios, este es uno de los sectores con mayor capacidad para definir el rumbo del país pero también con alto nivel de riesgo de abstinencia para votar.
En Colombia, cuando hablamos de economía, debemos hablar de los emprendedores y empresarios de la micro, de quienes abren un puesto de café al amanecer, atienden una tienda de barrio, sostienen un taller, lideran un pequeño emprendimiento familiar o han logrado crecer hasta convertirse en empresa. Según datos del ecosistema empresarial, más del 95 % de las empresas del país son microempresas, y las MiPymes en conjunto representan cerca del 99 % del tejido empresarial nacional. Además, concentran una parte decisiva del empleo y del dinamismo económico en los territorios.
Sin embargo, esa fuerza económica no siempre se traduce en fuerza democrática. Colombia sigue siendo un país con altos niveles de abstención electoral: en las elecciones para Congreso de la República de 2022, más del 51 % de los ciudadanos no votó; en las presidenciales ese mismo año, la abstención superó el 40 %, y en las elecciones territoriales de 2023 para gobernadores, alcaldes concejos municipales y asambleas departamentales volvió a estar por encima del 42 %. Estas decisiones quedan, una y otra vez, en manos de pocos.
Cabe preguntarnos ¿por qué muchas personas, entre ellas muchos emprendedores no votan? Las razones se repiten: falta de información, desconfianza institucional o la idea equivocada de que la política no cambia nada en el día a día del negocio. Paradójicamente, muchos emprendedores y empresarios de la micro, no conocen qué propone cada candidato en temas clave para su negocio: crédito, impuestos, formalización, empleo rural, comercio, innovación o digitalización. El trabajo absorbe, el tiempo no alcanza y la política parece lejana frente a la urgencia de vender, pagar nómina, cumplir obligaciones y sobrevivir en un entorno cada vez más retador. Esto lleva a sentir que el voto no cuenta o que las decisiones están demasiado lejos de la realidad de la microempresa.
Pero vale la pena detenerse un momento y mirar el panorama completo. Las decisiones que toma un gobierno, cualquier gobierno, son determinantes para el entorno en el que operan los emprendedores y empresarios. No son debates lejanos: son medidas que se sienten en la caja del día, en el costo de los insumos, en la capacidad de contratar, en la posibilidad de acceder a crédito, en los requisitos para formalizarse y en la estabilidad para planear a futuro.
Reformas laborales, tributarias, de seguridad social o financieras cambian las reglas del juego. Definen cuánto cuesta emplear, cuánto se paga en impuestos, qué tan fácil o difícil es crecer, formalizarse, exportar o acceder a tecnología. No es indiferente quién gobierne ni con qué propuestas. Los gobiernos pueden abrir puertas o cerrarlas, y muchas veces esas decisiones se toman sin la voz activa del sector que más empleo y tejido social genera: la microempresa.
Aquí está el punto central que no podemos seguir ignorando: El voto del sector microempresarial sí importa, sí cambia y sí impacta directamente. Cuando un emprendedor vota, no solo decide por sí mismo, también decide por su familia, empleados, proveedores, comunidad y su cadena de valor. Decide por el barrio que se mueve alrededor de su negocio y por el territorio que se dinamiza gracias a esa actividad económica.
Participar en la democracia no es un lujo ni una distracción del trabajo, no es solo un deber, es una obligación con el país. Es otra forma de construir empresa. Así como se toman decisiones todos los días para sostener el negocio, informarse, comparar propuestas y elegir con criterio es parte del cuidado del futuro. Votar es un acto de dignidad, de autonomía y de construcción colectiva, es un derecho y a la vez, un deber ciudadano
Si el sector de la microempresa, que además es mayoritario, diverso y profundamente arraigado en los territorios, asume una posición responsable y consciente, podría movilizar a millones de personas a las urnas. Podría incidir de verdad en quiénes gobiernan y cómo se gobierna. Podría exigir programas que entiendan su realidad y no la miren desde el escritorio.
Este año decisivo, que trae elecciones de congreso y consultas para elegir candidatos presidenciales en marzo, y elecciones presidenciales de primera vuelta en mayo y segunda vuelta en junio, es una oportunidad para romper la idea de que “la política no cambia nada”. Cambia el entorno en el que se compra, se vende, se contrata y se sueña con crecer. Informarse es el primer paso: consultar fuentes confiables, revisar propuestas, hablar con otros emprendedores, pensar en el negocio propio y en el país que se quiere construir.
La invitación, es a conversar con otros emprendedores y empresarios, a pensar en que las decisiones que se tomen en un Congreso o en un Gobierno, que a veces parecen lejanas, realmente son las que afectan su día a día y su realidad Pero el llamado no termina en el voto individual. El empresario no es un actor aislado: es líder en su barrio, referente para sus empleados, proveedor de confianza para otras empresas y dinamizador de su comunidad.
La invitación es a reconocer y ejercer la capacidad real de influir, de promover conversaciones informadas, a conocer las propuestas de los candidatos, y de motivar a otros contrastarlas y a participar. No significa decirle a nadie por quién votar, pero sí fomentar el voto consciente, abrir espacios de diálogo en sus negocios, compartir información verificada, recordar fechas clave y, sobre todo, movilizar a votar a sus empleados, a sus familias, a sus distribuidores, proveedores e incluso clientes.
Si más de cinco millones de microempresas asumen ese liderazgo democrático, el impacto sería enorme. No solo cambiaría el nivel de participación electoral, cambiaría la calidad del debate y la representación de la empresa micro en los gobiernos que elegimos. Cuando la microempresa vota, la democracia se fortalece, cuando la microempresa se moviliza, Colombia se transforma.