Bukele y un nuevo traje de emperador

“ La reelección de Bukele pone en duda la salud de la democracia en El Salvador que cada vez más parece virar hacia el autoritarismo”.


Noticias RCN
feb 11 de 2024 10:14 a. m.
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En el cuento infantil del traje del emperador, este es engañado por dos ladrones quienes prometiéndole un exclusivo e invisible traje le hacen desfilar desnudo ante el asombro del público. En este nuevo cuento protagonizado por Nayib, él va desnudo pero el público lo aclama. Los ha hecho creer que su traje es exclusivo e invisible. No pueden verlo de otra forma, creen ciegamente que es así. Están seguros de que su presidente es sabio, bueno, todopoderoso, de que deben entregar en él cualquier todo el poder, porque sólo él podrá salvarlos. Otros tantos fuera también lo aclaman, quisieran también un nuevo rockstar, un influencer político, un presidente con traje nuevo, gafas de sol y barba bien recortada. 

La imagen de Bukele está siempre en todas partes. Se ha vuelto la estampita del niño Jesús que se replica de forma mesiánica en redes sociales. Cualquier posible crítica será rápidamente atacada por cientos de usuarios que defienden las formas y el fondo de cómo Bukele se ha hecho con el poder. Es un encantador de serpientes, un asombroso comunicador que ha logrado crear un discurso tan convincente que ha logrado un triunfo electoral abrumador, con más del 85% de los votos, un récord que él mismo ha calificado como “histórico en el contexto de la democracia mundial”. Todo esto cimentado en su resultado más popular, la reducción de los homicidios causados por pandillas. 

La reelección de Bukele pone en duda la salud de la democracia en El Salvador que cada vez más parece virar hacia el autoritarismo. No es solo coincidencia que sean la “primera democracia de partido único” porque los espacios democráticos limitados que dan como resultado un gobierno de partido único que le otorga todo el poder a un líder no suelen ser descritos como democracias. 

Es además un autoritarismo competitivo tipo exportación, un modelo que pretende ser replicado por cientos de políticos wannabe en toda la región. Todos creyendo que pueden ser “Bukele” del municipio y la ciudad que dirigen, sin tener en cuenta que ante todo Bukele es un comunicador experto y que detrás de la aparente reducción de la violencia está  la detención discrecional de miles de personas, sospechosas o no y un aumento en crímenes como la desaparición y las muertes violentas de mujeres. 

Sus seguidores niegan lo evidente, el gobierno de El Salvador no es democrático. No solo por ser un régimen de partido único sino por el constante constreñimiento a la libertad de prensa, el control de los entes de regulación y las maniobras de cambio de constitución, entre tantas otras acciones. Están dispuestos a priorizar la seguridad sobre las preocupaciones constitucionales y democráticas. Este fenómeno refleja una compleja dinámica donde la necesidad de seguridad ha eclipsado los temores de un gobierno cada vez más centralizado. Creen en la democracia pero piden y añoran un autoritarismo. 

Y aún así, siendo un autoritarismo, eso no elimina que Bukele fue electo por el pueblo que le aclama, como tantos otros autoritarismos competitivos en el mundo donde aunque el espacio democrático se cierre existen elecciones que se acomodan, curiosamente, a los intereses del gobierno. Los youtubers, con el dinero público en el bolsillo, graban las cárceles exaltando al glorioso presidente y repitiendo el discurso. 

Hablar sobre El Salvador es importante porque la democracia es más que votos, aunque el voto sea una expresión de ella. Un ambiente democrátrico es un compromiso con una serie de condiciones y libertades,  es un compromiso con la apertura a la disidencia política y a los derechos humanos. Es un compromiso de transparencia y control político.

Politóloga y administradora de empresas. Maestrante en Estudios Internacionales.
@gabrielafoam

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