LUX: De la liturgia del caos a la redención
En tiempos donde la industria musical parece condenada a la velocidad, a la prefabricación de ritmos y al Auto-Tune para satisfacer algoritmos, Rosalía decidió construir una catedral.
Con Lux, Rosalía nos entregó una obra maestra que también es un disco incómodo a propósito para la industria musical.
Lux es en sí, un tratado estético y espiritual que desafía la gravedad de lo comercial para ascender hacia la gracia de lo eterno.
Cuando vi por primera vez el nombre de Berghain en una canción (Sin haberla escuchado), pensé en que vendría un nuevo álbum de tipo Motomami. Cuando la escuché, entendí que lo que venía era algo grande, que esa mezcla entre lo clásico y lo moderno, con Björk y el músico experimental estadounidense Yves Tumor era simplemente un ingrediente usado en un gran restaurante digno de una estrella Michelin.
Decidí escribir esta columna, pues he escuchado varias veces que es exagerado, que quiso abarcar muchas cosas al mismo tiempo, que es un disco extraño, que tiene dos o tres canciones buenas, que no es un disco radial, que no se entiende el concepto y lo más interesante... que no entienden por qué me obsesioné al punto de pedir el disco físico hasta España y pasarme horas escuchando, leyendo las letras y diseccionando la cruz (que en realidad es un cubo desarmado), que simboliza la profunda búsqueda espiritual, el compromiso y la devoción que ella siente por su arte, asimilando la música como un voto religioso.
Lux puede parecer un laberinto; pero es una invitación a descifrar la tensión fundamental de nuestra era: la colisión entre lo divino y lo terrenal.
Dividiré lo que he podido escuchar, ver y entender de esta "magnum opus" desde tres lentes inseparables: la arquitectura musical, la simbología oculta y el trasfondo filosófico que lo sostiene.
La Perspectiva Musical: El sonido de la fractura
Musicalmente, Lux opera como una sinfonía deconstructivista. Estructurado en cuatro movimientos (un guiño explícito a la tradición clásica), el álbum se niega a ser un simple ejercicio de estilo neoclásico. Rosalía ha convocado a la London Symphony Orchestra, no para reverenciarla, sino para dialogar con ella desde la irreverencia.
El primer golpe de autoridad lo encontramos en Sexo, violencia y llantas, donde con solo reproducir los primeros segundos de la canción, podrás escuchar una cadencia andaluza típica (esa caída armónica que huele a sur de España), pero ejecutada en un piano, instrumento por excelencia del canon clásico occidental, en lugar de la guitarra flamenca. Acá ya Rosalía nos envía un mensaje directo y nos hacer recordar los sonidos de Los ángeles y El mal querer.
Como yo lo entiendo, ese cambio de guitarra flamenca, por un piano no es accidental, es una declaración de intenciones. Es la máxima del disco en sí, la tradición será respetada solo para ser recontextualizada (La unión entre lo divino y lo humano).
La Simbología: Entre el cielo y el suelo
Si la música es el vehículo, la simbología es el mapa. El título Lux (Luz) sugiere claridad, pero ojo es una luz que nace de las tinieblas. Todo el disco está atravesado por una dualidad constante: lo sacro frente a lo profano.
Los instrumentos clásicos (cuerdas, pianos) actúan como significantes de "lo divino", mientras que los sintetizadores, distorsiones y efectos de producción representan "lo terrenal". Cuando Rosalía canta sobre estar entre el cielo y la tierra, la música misma se desgarra: la orquesta suena deformada, "pervertida" por la tecnología, simbolizando la corrupción de lo puro al entrar en contacto con la realidad humana.
Esta simbología se extiende a la estructura lingüística. El álbum está cantado en 14 idiomas, cada uno asociado a una santa o figura espiritual.
Dos ejemplos claros:
- De Madrugá: Está inspirada en Santa Olga de Kiev. El uso del ucraniano no es un capricho estético, sino una referencia histórica.
- Jeanne: Canción en francés, que está inspirada en Juana de Arco (Jeanne d'Arc).
Rosalía se viste con las voces de santas y mártires, sugiriendo que el sufrimiento femenino a través de la historia es un lenguaje universal.
Los momentos en los que creemos que cometió una "ligereza" y que tal vez no cuadran con el resto del disco están cargados de significado. Por ejemplo, "La Perla", la canción que más le ha gustado a mis amigos, suena a una "tiradera" de esas que están de moda, podría pensarse que es muy a modo Rosalía un Bzrp Music Sessions, Vol. 53/66.
Y sí es... pero es más que eso. Realmente es un un vals en compás de 3/4 con aires circenses y mexicanos, que utiliza acordes aumentados para crear una atmósfera caricaturesca y hasta se da la licencia de lanzar una que otra risa. Aquí, la simbología gira hacia la sátira: el "payaso de circo" mencionado en la letra se refleja en una música que, aunque amigable, esconde una herida sin curar.
La Perspectiva Filosófica: La gravedad y la gracia
¿Qué nos dice Lux sobre la condición humana?
El álbum dialoga profundamente con el pensamiento de la filósofa francesa Simone Weil. Igual que Weil, quien vivió en el umbral entre el judaísmo, el cristianismo y el agnosticismo, Rosalía entra en una frontera peligrosa y fascinante.
Weil hablaba de la "gravedad" como la fuerza que arrastra al alma hacia abajo (el ego, la necesidad, lo material) y la "gracia" como la luz (Lux) que nos eleva. En Lux, esta dialéctica es literal.
Musicalmente la "gravedad" son los bajos pesados, las percusiones de trap y la distorsión. La "gracia" son los violines, los coros celestiales y las melodías que ascienden.
La postura de Rosalía es la de un "espíritu libre" que, atraída por la belleza de la experiencia religiosa, se niega a someterse a la ortodoxia ciega. Su acercamiento a lo sagrado es estético y visceral, no dogmático.
Esto genera la misma fricción que generaba Weil. Nos hace preguntarnos... ¿esto es fe o es apropiación?, ¿Es Rosalía una religiosa moderna o una hereje cultural?
En Mio Cristo Piange Diamanti, una de mis canciones favoritas del disco, Rosalía utiliza el "figuralismo" (pintar palabras con música) para contrastar los golpes (acentos graves) con los abrazos (arpegios de violín), es un deleite escuchar esta canción con un buen audio o audífonos de alta fidelidad. Esta representación sonora del dolor y el consuelo realmente la tesis filosófica del disco:
La redención no es la ausencia de dolor, sino la capacidad de encontrar belleza (Luz) incluso en el sufrimiento más oscuro.