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Colegio y democracia

Se habla mucho sobre la importancia de la educación como motor del desarrollo, usualmente entendido como el desarrollo de las fuerzas productivas que garanticen un crecimiento económico sostenido.


Santiago José Castro Agudelo
ago 18 de 2026 11:17 a. m.
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De allí que tantos insistan en la importancia de poner el foco en el desarrollo de habilidades para el mundo laboral, para generar riqueza, para ser “útiles” e independientes. No cabe una ley, decreto o resolución más en los de por sí apretados proyectos educativos que cubren los niveles de preescolar, básica y media.

Sorprende el bombo con el que algunos congresistas suelen anunciar la presentación de un nuevo proyecto de ley, que busca obligar a colegios y universidades a incluir algún asunto en sus planes de estudio. Si por nuestra legislación fuera, seríamos un paraíso en la tierra, pero resulta que no es así. De hecho, el exceso de regulaciones, orientaciones, intenciones, hace que cada secretaría de educación interprete como considere los asuntos que en determinado momento generan debate.

Dese hace unos años he tratado de entender por qué en Colombia a la sociedad le molesta tanto la libertad. Se celebra cuando un gobierno promete un único camino y castigar a todo aquel que se salga del redil. Esto puede ser válido en asuntos fundamentales como el derecho a la vida y a la propiedad, que, dicho sea de paso, son vulnerados una y otra vez con casi total impunidad; pero no en asuntos de enseñanza y aprendizaje. Se requiere, no lo pongo en duda, un marco general relacionado con la Constitución Política y unos estándares mínimos que velen por el desarrollo de las competencias básicas, sobre todo la lecto-escritura y las operaciones matemáticas, pero se tiene que permitir la innovación pedagógica, que hoy incluye, quien lo creyera, a las Humanidades y las Ciencias Sociales.

Recuerdo a un alcalde de Cartagena promoviendo remover del currículo las clases de filosofía porque “no sirven para nada”. Olvidaba que sin las reflexiones que surgen del quehacer filosófico nunca hubiera sido elegido alcalde por un pueblo soberano que se expresa en las urnas.

Este año en nuestro colegio hicimos un cambio en el currículo y en la jornada escolar: incluimos una hora diaria más de descanso. Así como lo leen. El reto no es que los estudiantes obtengan mejores resultados académicos, sino que estén motivados y quieran hacer esfuerzos por aprender. Eso requiere tiempo libre, juego, espacios para compartir y en los que podamos compartir en un ambiente de aprendizaje cada vez más amplio y hasta extraño. Es allí donde se detonan escenarios de participación activa, surgen ideas y maravillosas conversaciones. Se fortalece, además, el vínculo afectivo y se puede acrecentar la motivación, pilar del aprendizaje.

Más allá de las habilidades duras o blandas, o como las llame el último autor de moda; los colegios debemos promover espacios para la deliberación, para desarrollar el pensamiento crítico, para que nuestros estudiantes puedan crear, sentir y trabajar en equipo. Es lo que permite que surjan cada vez más preguntas y eso es… filosofía, historia, arte, política. Se logra porque hay un marco que lo permite y ese marco es la Constitución y la Democracia. Sin eso, no habrá desarrollo de ningún tipo.

Así que si lo que se pretende es que los colegios sean institutos técnicos, en los que los estudiantes solo se concentren en tareas “productivas” y eviten toda “distracción”, estaremos sentando las bases para el totalitarismo, ese que suele surgir y mantenerse entre aplausos.

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