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El quinto elemento de la energía

El 2025 llega a su cierre y, como ocurre al final de cada año, el sector energético invita a detenerse un momento y mirar con perspectiva.


Sebastián Ruales
dic 30 de 2025 08:00 p. m.
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Durante décadas aprendimos a explicar la energía a partir de cuatro elementos incuestionables: generación, transmisión, distribución y comercialización. Un sistema técnico, robusto y necesario, que permitió llevar energía a millones de personas. Sin embargo, ese relato siempre estuvo incompleto, porque dejó por fuera a quien debería haber sido central desde el inicio.

El usuario fue tratado durante años como el último eslabón, un receptor pasivo que solo aparecía en escena cuando algo fallaba. Rara vez se le explicó cómo funcionaba el sistema, rara vez se le entregaron herramientas para entender su consumo y casi nunca se le permitió participar activamente. La energía se convirtió en una caja negra, indispensable pero distante, y lo que no se entiende difícilmente se cuida o se optimiza.

Hoy, cuando la transición energética se ha vuelto una conversación ineludible, resulta evidente que no existe transformación posible sin reconocer al usuario como el quinto elemento de la cadena de energía. Cuando las personas entienden su consumo, cambian hábitos. Cuando cuentan con información clara, toman mejores decisiones. Cuando tienen opciones, se convierten en aliados del sistema y no en simples espectadores. Un usuario informado no debilita el sector, lo fortalece.

La tecnología ha abierto una oportunidad que antes no existía. Por primera vez es posible explicar lo complejo de forma simple, devolverle el control al usuario y construir soluciones pensadas desde la experiencia cotidiana y no solo desde la operación técnica. Construir tecnología con el usuario en el centro no es una tendencia, es una corrección necesaria a una deuda histórica del sector.

Democratizar la energía no significa únicamente generar más o cambiar de fuente. Significa derrumbar barreras, habilitar nuevos actores, acelerar proyectos y encontrar formas más ágiles y humanas de hacer las cosas. Significa entender que la transición ocurre cuando más personas pueden participar, decidir y aportar, y cuando el usuario deja de ser invisible para convertirse en parte activa del sistema.

Nada de esto es posible sin un entorno que inspire confianza. Las empresas del sector, tanto públicas como privadas, han recorrido un camino exigente en medio de señales cambiantes y escenarios complejos. La transición energética necesita reglas claras, estabilidad e inversión para sostenerse en el tiempo. Sin claridad, los proyectos se detienen. Sin estabilidad, la innovación se enfría. Sin inversión, el servicio no mejora. Las empresas no son el obstáculo del cambio, son el vehículo que permite hacerlo realidad.

Cerrar el 2025 con esta reflexión es también una invitación a que gobierno, empresas, reguladores, innovadores y usuarios trabajen en conjunto por un país mejor, trabajador y capaz de enamorarse de sus problemas para resolverlos, con el respaldo y el soporte necesarios para sacarlo adelante. Diciembre también nos recuerda otra verdad: la energía, en todas sus formas, es conexión. Es la luz que compartimos, las reuniones que nos unen y los territorios que queremos cuidar. Y si logramos que esa energía sea más limpia, más eficiente y más justa, también construiremos un país más fuerte y más equilibrado.

Que estas fiestas sean una oportunidad para agradecer, para reconectar y para mirar el próximo año con la convicción de que la transición energética no es un sacrificio, sino una oportunidad enorme para innovar, ahorrar y proteger lo que más queremos.

Felices fiestas. Que el 2026 nos encuentre con más luz, más conciencia y más energía para seguir avanzando.

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