La revolución energética no es solo de fierros, es del usuario
Tuve la oportunidad de participar en el Foro de la CAF, un espacio clave donde se discuten los grandes rumbos de América Latina.
Más allá de la oportunidad de hablar, nos sentimos profundamente agradecidos de haber sido invitados como panelistas para representar la innovación en la comercialización de energía en el país y la región. Esta invitación es una responsabilidad muy bonita y un recordatorio de que el trabajo que venimos haciendo empieza a resonar fuera de nuestra propia burbuja. Mientras buena parte de la industria sigue debatiendo los retos del pasado, nosotros estamos enfocados en construir, con humildad y convicción, el nuevo estándar del futuro.
En un sector dominado históricamente por la narrativa de la generación, la transmisión y la distribución —una industria de cemento, fierros y cables—, llevamos a la conversación una mirada distinta: la del gran olvidado de la ecuación, el usuario final. Es insólito que, en plena era de la inteligencia artificial, el 96% de nuestros hogares y empresas sigan dependiendo de una infraestructura de medición análoga, recibiendo una factura física incomprensible que parece un Excel de 1993, donde simplemente se nos dice cuánto pagar sin entender por qué.
Desde nuestra experiencia, venimos impulsando una tesis disruptiva pero simple: la transición energética no puede tratarse solo de generar más energía limpia para seguir desperdiciándola en sistemas ineficientes. Se trata de usar la tecnología para empoderar al consumidor.
Hemos visto en la práctica que, al reemplazar infraestructura análoga por hardware de medición inteligente y soluciones tecnológicas modernas, las empresas pasan de recibir un solo dato mensual a contar con miles de variables por segundo sobre su consumo energético. Esto no es solo teoría: organizaciones de gran escala ya están logrando ahorros de hasta un 19% en su consumo simplemente por entender mejor sus datos y tomar decisiones informadas a partir de analítica en tiempo real.
La conversación que quise poner sobre la mesa en la CAF fue clara: ¿por qué obsesionarnos únicamente con generar un 20% más de energía, cuando podemos educar y dar herramientas al usuario para que consuma un 20% menos? Esa eficiencia, lograda a través de la tecnología, se convierte en la planta de energía virtual más grande de Latinoamérica.
El hecho de que este enfoque haya entrado en la conversación del panel confirma que la innovación en el sector no puede quedarse esperando a que la regulación cambie o a pedir permiso para evolucionar la experiencia del usuario. El nuevo estándar del servicio energético ya no es la factura opaca debajo de la puerta; es la gestión inteligente, la predicción de demanda y la automatización.
América Latina tiene una oportunidad de oro. No solo tenemos una capacidad de generación envidiable, sino que podemos convertirnos en un hub de talento en data science y tecnología aplicada a la energía. Pero para ello, debemos dejar de ignorar los avances tecnológicos. Aquellas compañías energéticas que hoy ignoren la evolución tecnológica en función del usuario, se quedarán fuera del juego.
Nuestra presencia en este foro valida que el cambio ya comenzó, y empieza por darle el poder a quien paga la factura.