¿Quejarse demasiado aumenta la frustración? Esto dice la psicología
¿Qué pasa si deja de quejarse durante 7 días? Esto dicen los expertos.
Noticias RCN
09:51 p. m.
Un reto de una semana propone observar cuántas veces aparece la queja ante las frustraciones cotidianas. La idea no es guardar silencio, sino aprender a diferenciar entre expresar un problema y quedarse atrapado en él.
Quejarse por una demora, una discusión, un problema laboral o algo que salió mal es una reacción común. El problema puede aparecer cuando esa conversación se convierte en un pensamiento repetitivo que mantiene la atención sobre lo negativo sin conducir a una solución.
Por eso, una práctica de siete días propone algo sencillo: observar cada vez que surge una queja, identificar qué emoción hay detrás y preguntarse qué se puede hacer frente a esa situación.
¿Quejarse constantemente puede aumentar la frustración?
La psicología diferencia entre reflexionar sobre una experiencia y caer en la llamada rumiación, un patrón en el que la persona vuelve de manera repetitiva sobre pensamientos negativos.
Un estudio citado en los National Institutes of Health diferencia precisamente estas dos respuestas. Mientras la reflexión supone observar una experiencia de manera intencional, la rumiación implica regresar de forma pasiva y persistente a estados internos negativos.
Esto no significa que toda queja sea perjudicial. Expresar enojo, tristeza o frustración puede ayudar a comunicar una necesidad o encontrar respaldo. El punto está en qué ocurre después de expresar aquello que incomoda.
La American Psychological Association recomienda identificar las causas del estrés, registrar los pensamientos y el estado de ánimo y elaborar un plan para enfrentar aquello que genera tensión. También señala que reformular la manera de pensar sobre una situación puede ayudar a manejar las emociones.
¿Cómo hacer el reto de 7 días sin reprimir las emociones?
El ejercicio puede comenzar con una libreta o una nota en el celular. Cada vez que aparezca una queja, la persona puede registrar cuatro elementos: qué ocurrió, qué sintió, qué está bajo su control y qué podría hacer a continuación.
Por ejemplo, en lugar de quedarse en “todo salió mal”, puede identificar qué situación concreta produjo la frustración y preguntarse si necesita información, ayuda, descanso, una conversación o una acción específica.
La intención no es obligarse a pensar positivo ni fingir que los problemas no existen. De hecho, intentar evitar cualquier expresión de malestar puede ser tan poco útil como convertir cada dificultad en una conversación interminable.
La diferencia está en transformar la emoción en información: reconocer qué está molestando y determinar si existe una respuesta posible.
¿Cuándo la frustración deja de ser un problema cotidiano?
El estrés forma parte de la vida y no siempre es negativo. Sin embargo, cuando se vuelve persistente puede afectar el bienestar físico y psicológico. La APA advierte que el estrés crónico puede relacionarse con problemas como ansiedad, dificultades para dormir, fatiga y problemas de concentración.
Por eso, un reto de siete días puede servir como ejercicio de observación, pero no reemplaza la atención profesional cuando el malestar interfiere de manera constante con el trabajo, el estudio, el descanso o las relaciones.
Más que aprender a no quejarse, el objetivo puede ser otro: entender qué hay detrás de la queja y decidir qué hacer con aquello que está generando frustración.